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martes, 24 de junio de 2008

Mejor sin ellos

2008-06-22
A tiro de piedra
Mejor sin ellos

El paro de transporte convocado por un sector de conductores y algunos supuestos usuarios nos demuestra, una vez más, que el sistema urbano de transporte colectivo de pasajeros está mejor sin ellos. La amenaza, la violencia y la pillería se impusieron, en algunos casos, al deseo de otros conductores que querían hacer su trabajo y transportar a los usuarios.

Todos tenemos el derecho a reclamar y a protestar; pero no a obligar al otro, bajo amenaza y daño físico y material, a acuerpar nuestra postura frente a un hecho o situación. Al parecer, todavía hay entre nosotros individuos que no aceptan ni admiten que otros piensen diferente a ellos, y se creen con el derecho de agredir, intimidar y, en algún casos, a intentar matar o perpetrar este hecho.

Me daba dolor e indignación ver cómo algunos sujetos, ante la acción casi impotente de la policía, bajaban a los pasajeros de los autobuses y coaccionaban, bajo amenaza y obra, a los conductores que prestaban el servicio. ¿Es así como quieren convencernos de sus razones? Si eso pretenden, con muy pocos contarán para sus fines. Y si no cambian de actitud, tal vez hasta los que le dan la razón hoy los abandonen mañana.

Lo que vimos muchos panameños es el reflejo de lo cotidiano: el conductor grosero, el pavo perequero, el sujeto que al volante atropella y arrasa con lo que esté a su paso, y el busero que para donde le da la gana, se sale de ruta cuando le da la gana, e irrespeta las señales de tránsito cuando le da la gana. En otras palabras: el abusador que se cree dueño y señor de la avenida.

Panamá no se merece ni conductores ni propietarios de buses como los que están cometiendo esos actos. Deben ser erradicados del sistema, sin contemplaciones. Que se queden los que toman en serio y respetan su oficio; que los hay y son la mayoría en el país, en especial los del interior y las llamadas rutas internas. El problema, y lo sabemos, está en los diablos rojos de la capital y algunos de la ruta de Colón; en el resto de las rutas ése comportamiento es la excepción y no la regla.

En cuanto al gobierno, fuera de lo que esperamos que haga, debería diseñar un plan de contingencia para cuando los buseros declaran paros como el de estos días. Los ministerios y las entidades deben identificar a los funcionarios que tienen vehículos y saber cuántos pueden transportar a otros compañeros, donde los recogerán y modificar el horario de entrada y salida. También debería utilizar los vehículos oficiales, para transportar al resto de los funcionarios que necesitan transporte, con instrucciones claras de dónde serán recogidos y las horas respectivas. De esa manera, el resto de los transportes privados que pueda el usuario conseguir, se descargaría en parte y sería más fácil para la población transportarse.

Tenemos que enfrentar, con ingenio y firmeza, a los que todavía se creen los amos del país, como ahora ciertos dueños y conductores de autobús. Y no se nos olvide: Ni un busero más para diputado.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 27 de mayo de 2008

Transmóvil

2008-05-25
A tiro de piedra
Transmóvil

La noticia de la creación de un nuevo servicio de autobuses de transporte colectivo de pasajeros por parte del gobierno es un paso hacia la solución de un problema que lleva muchos años. Sin embargo, los datos iniciales ya presagian que poco arreglo habrá de lo ya torcido.

Hay tres aspectos que entrañan peligro: el sistema de cuenta diaria, el cobro de ese pago por la Autoridad de Tránsito, y la concesión de la operación de las rutas a uno o dos consorcios privados. Si queremos avanzar más allá de los buses nuevos y de la liberación del clan de los "diablos rojos", el gobierno debe replantearse el quién y el cómo en la administración de la empresa de transporte que propone.

El sistema de cuenta diaria que paga el conductor al dueño del bus es, en gran medida, el causante de las regatas que tanto daño y muerte han ocasionado, porque está pensado para generarle ingreso al palanca o conductor bajo el principio de "a mayor cantidad de vueltas, más plata gana el que conduce". Aparte, tal forma de relación remunerativa exime al propietario de la obligación de pagarle salario y prestaciones al trabajador. Si el gobierno lo acepta, no sólo estaría contribuyendo al desorden en las calles con las regatas, sino que violaría le ley laboral que está llamado a hacer cumplir en nombre del estado.

Con relación a otorgarle a la Autoridad de Tránsito la función de cobrar la cuenta diaria, la cuestión resulta inconveniente. Primero, la entidad debe velar por el cumplimiento de las leyes en el campo de su competencia; su función no es cobrar cuentas de buses, sino imponer y cobrar multas. Segundo, el sistema de cuenta diaria funciona actualmente porque cada conductor retira y entrega el vehículo donde conviene con el dueño. ¿Cómo se hará en manos de la ATTT? ¿Dónde guardarán los 420 buses cada día y los otros 400 que vendrán? Resulta mejor ponerles sueldo y que sean supervisados por la Gerencia Metropolitana de Transporte, a quien sí le corresponde el papel administrativo y operativo de los buses del estado.

Acerca de la concesión de la operación de rutas a uno o dos consorcios privados, la experiencia nos dice que este tipo de transacción traerá al menos dos consecuencias: que el estado les garantice una ganancia razonable a las empresas y el encarecimiento de la tarifa del pasaje. Verbigracia: los corredores norte y sur, la electricidad, y el teléfono. Una sociedad mercantil tiene el fin de producir y ganar dinero; una empresa estatal de servicio público, proveer un servicio y cubrir sus costos aunque no genere utilidades. Si el estado garantiza una "ganancia razonable" debe acceder a que el precio o la tarifa se incremente, para que esa ganancia se produzca.

En mi opinión la empresa debe ser estatal, y que funcione bajo un régimen especial, para darle estabilidad al administrador en su cargo y permitirle ejecutar sus planes de servicio y desarrollo libre de las dilaciones propias de la burocracia y de la influencia malsana de los que malentienden la política y su posición dentro de la administración pública.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Otra vez el transporte

2007-09-16
A tiro de piedra
Otra vez el transporte

Una vez más los buseros metidos a diputados intentan redactar una ley de transporte para defender sus intereses, y no para cumplir la función social que debe ser el propósito de tal legislación. Garantizarse la mayoría de miembros en la Junta de Transporte, entre otros, es una de sus pretensiones. De esa manera se aseguran que nada ni nadie los pondrá en orden.

Resulta absurdo e incongruente que los propietarios y conductores de autobuses participen, con voz y voto, en el organismo que debe velar por el cumplimiento de la ley de transporte y por la imposición de las sanciones. Por otra parte, esa vocería y participación en la toma de decisiones de la Autoridad de Tránsito también toca a otros conductores y personas que ni son transportistas, ni son pasajeros. Es la política de poner el ratón a cuidar el queso propio, y, además, el ajeno.

En mi opinión, el organismo donde participen los buseros, debe ser un organismo meramente consultivo y circunscrito a la actividad del transporte de pasajeros. Deben estar en paridad con los usuarios, aunque en el fondo creo que estos últimos deberían tener mayor representación; pero la paridad se aceptaría para que pueda funcionar la junta u organismo que atienda los problemas y las realidades del transporte de pasajeros.

La realidad actual, y la que se pretende imponer en la reforma de la ley de transporte, deja a la Autoridad del Tránsito sin verdadera autoridad. Es necesario devolverle lo que se le ha quitado, o reducirla a una dirección adscrita al Ministerio de Gobierno, para no gastar tanto dinero en salarios y recursos que no se justifican si la Autoridad de Tránsito no puede cumplir con la función que se supone le da el estado en materia de tránsito y transporte terrestre.

Para una inmensa mayoría de panameños, especialmente de la capital, la anarquía en el sector transporte nos tiene hastiados. El descontento es real, y se refleja en las encuestas. Como aún no estamos organizados, nuestra voz todavía está confinada al plano de la opinión pública; pero llega la hora en que nos reuniremos y nos haremos sentir. Si la ley que discute la Asamblea resulta un fiasco y un instrumento de acomodo para los buseros, lo que viene será una lucha cívica que podría alcanzar otras áreas y actividades que afectan nuestra calidad de vida.

Desde este espacio me comprometo a iniciar una campaña, bajo el lema: Ni un busero más a la Asamblea. Espero que sea el génesis de esta lucha cívica que menciono. Faltan 20 meses para las elecciones generales del 2009 y tenemos que inculcar entre los ciudadanos el poder que representa nuestro voto. Vamos a comenzar por los buseros metidos a diputados, para que salgan de la Asamblea. La persona que quiera apoyar esta idea, que converse con sus familiares y sus amigos. En cada correo electrónico, en cada mensaje de texto, en cada conversación, el lema será: Ni un busero más a la Asamblea. Al ataque mis valientes, que nosotros sí podemos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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