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lunes, 27 de julio de 2009

Multas de tránsito

2009-07-26
A tiro de piedra
Multas de tránsito

El anuncio del aumento de las multas de tránsito es ineficaz para resolver el caos y el irrespeto que se da en las vías públicas. Meter miedo es una cosa; hacer sentir respeto por la ley, otra. Un incremento desmedido en el monto de las multas sólo presagia una cosa: más coima.

La nueva titular de la Autoridad del Tránsito es trabajadora, inteligente y sensible a las sugerencias. Cuando recoja las diversas opiniones sobre su plan, de seguro las tomará en cuenta y reevaluará su propuesta. Aumentar de manera excesiva la sanción pecuniaria por las infracciones al reglamento de tránsito no es la solución para el problema. La cultura y el sistema creados en este ambiente conspiran contra tal medida. Los que se creen dueños de la avenida seguirán con sus malos hábitos, porque no es la multa actual la que los hace actuar así, sino el contubernio y la complicidad de ciertos agentes y de algunas autoridades.

Si analizamos por mera observación lo que acontece en la calle, nos daremos cuenta de algunas falencias en el control que se ejerce sobre los conductores infractores. La ausencia de vigilancia es notoria. Podemos recorrer por casi una hora las avenidas principales de la ciudad, y no vemos un policía de tránsito. Cuando aparece alguno, por lo general custodia una construcción o anda a pie. El conductor infractor lo sabe, y se juega una ruleta en la que tiene más probabilidad de salir impune que ser sorprendido en la acción.

Otra situación común es la actitud de los conductores de transporte colectivo, que poco caso hacen del silbato del agente. Tienen que pitarle varias veces, para que atiendan. Cuando hay varios agentes en un operativo, entonces obedecen, pero gran parte del día andan felices y a sus anchas.

Creo que antes de subir el precio de las multas es mejor organizar la vigilancia, colocar más policías de tránsito motorizados en la calles, y dividir la ciudad por cuadrantes, para que la vigilancia sea efectiva. Si se hace cumplir la ley, los conductores irresponsables tendrán la certeza del castigo y de la presencia constante de la policía de tránsito.

De hacerse una reforma endureciendo la sanción, esta debe dirigirse a los reincidentes. A esos debe imponérseles un castigo escalonado, que los disuada de su mal comportamiento al conducir un vehículo. Las penas empezarían por lo pecuniario, para luego pasar a terapia sicológica y suspensión temporal o definitiva de la licencia de conducir.

Antes de poner en vigencia la desproporcionada elevación del monto de las multas, la Autoridad de Tránsito debe sopesar el alcance que esa medida tendrá. De no hacerlo, los agentes corruptos tendrán otra razón para llevarse dinero al bolsillo, sin que se vea la solución del problema. Por otra parte, los que no han caído en la vorágine de la corrupción estarían tentados, por el negociado y el dinero fácil que promete la cultura predominante en la relación entre conductores y policías torcidos, a hacer lo mismo que las manzanas podridas.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 27 de mayo de 2008

Transmóvil

2008-05-25
A tiro de piedra
Transmóvil

La noticia de la creación de un nuevo servicio de autobuses de transporte colectivo de pasajeros por parte del gobierno es un paso hacia la solución de un problema que lleva muchos años. Sin embargo, los datos iniciales ya presagian que poco arreglo habrá de lo ya torcido.

Hay tres aspectos que entrañan peligro: el sistema de cuenta diaria, el cobro de ese pago por la Autoridad de Tránsito, y la concesión de la operación de las rutas a uno o dos consorcios privados. Si queremos avanzar más allá de los buses nuevos y de la liberación del clan de los "diablos rojos", el gobierno debe replantearse el quién y el cómo en la administración de la empresa de transporte que propone.

El sistema de cuenta diaria que paga el conductor al dueño del bus es, en gran medida, el causante de las regatas que tanto daño y muerte han ocasionado, porque está pensado para generarle ingreso al palanca o conductor bajo el principio de "a mayor cantidad de vueltas, más plata gana el que conduce". Aparte, tal forma de relación remunerativa exime al propietario de la obligación de pagarle salario y prestaciones al trabajador. Si el gobierno lo acepta, no sólo estaría contribuyendo al desorden en las calles con las regatas, sino que violaría le ley laboral que está llamado a hacer cumplir en nombre del estado.

Con relación a otorgarle a la Autoridad de Tránsito la función de cobrar la cuenta diaria, la cuestión resulta inconveniente. Primero, la entidad debe velar por el cumplimiento de las leyes en el campo de su competencia; su función no es cobrar cuentas de buses, sino imponer y cobrar multas. Segundo, el sistema de cuenta diaria funciona actualmente porque cada conductor retira y entrega el vehículo donde conviene con el dueño. ¿Cómo se hará en manos de la ATTT? ¿Dónde guardarán los 420 buses cada día y los otros 400 que vendrán? Resulta mejor ponerles sueldo y que sean supervisados por la Gerencia Metropolitana de Transporte, a quien sí le corresponde el papel administrativo y operativo de los buses del estado.

Acerca de la concesión de la operación de rutas a uno o dos consorcios privados, la experiencia nos dice que este tipo de transacción traerá al menos dos consecuencias: que el estado les garantice una ganancia razonable a las empresas y el encarecimiento de la tarifa del pasaje. Verbigracia: los corredores norte y sur, la electricidad, y el teléfono. Una sociedad mercantil tiene el fin de producir y ganar dinero; una empresa estatal de servicio público, proveer un servicio y cubrir sus costos aunque no genere utilidades. Si el estado garantiza una "ganancia razonable" debe acceder a que el precio o la tarifa se incremente, para que esa ganancia se produzca.

En mi opinión la empresa debe ser estatal, y que funcione bajo un régimen especial, para darle estabilidad al administrador en su cargo y permitirle ejecutar sus planes de servicio y desarrollo libre de las dilaciones propias de la burocracia y de la influencia malsana de los que malentienden la política y su posición dentro de la administración pública.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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