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lunes, 5 de enero de 2009

Año Nuevo

2009-01-04
Editorial
Año Nuevo

Empezamos este nuevo año 2009 con optimismo y esperanza, aunque no todos, porque siempre que se emprende una tarea o una acción nueva esperamos lo mejor. Eso está bien y es de humanos, pero debemos estar concientes de aquello en lo que ponemos nuestra esperanza; dependiendo de ello, así mismo será nuestra confianza.

Para que el pone su confianza en sus propias fuerzas, su esperanza estará limitada a lo que pueda hacer o lograr por sí mismo; para quien la pone en Dios, su esperanza traspasará límites y logrará lo que resulta humanamente imposible, según la medida de su fe.

Ciertamente, cada año o cada día de nuestra vida está lleno de pruebas y adversidades que han de soportarse y superarse. Si sólo dependemos de nuestras propias fuerzas, cuando se agoten todo habrá terminado. Por eso, como creyentes y personas de fe, pongamos nuestra confianza en el Señor, para apoyarnos en su longanimidad y podamos salvar todo obstáculo que induce a la desazón y el conformismo.

Dios quiere que seamos felices, no importa cual sea nuestra condición, y esa felicidad solamente podemos encontrarla en Él, a través de la fe que nos lleva a la conversión y nos permite, con fuerza espiritual inaudita, pasar por valles de muerte y sufrimiento, para luego ver la misericordia y la gloria de Dios en todo lo que al momento nos resulta incomprensible. Felicidades y bendiciones en este nuevo año.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 27 de junio de 2008

¿Dónde está puesta nuestra confianza?

2008-06-29
El Ojo del Profeta
¿Dónde está puesta nuestra confianza?

La pérdida de la selección nacional de fútbol ante El Salvador ha dejado triste a un número importante de nuestra población. Tristeza que se traduce en desgano, decepción y, en algunos casos, hasta en depresión. Pareciera que, para los afectados, se hubiera acabado el mundo.

Muchas fueron las esperanzas que se pusieron en la selección, a sabiendas que somos un país con una tradición y una práctica modestas del deporte del fútbol. Ayudados por la propaganda y el mercantilismo, la capacidad real del equipo se sobrevaloró y se levantaron falsas expectativas.

Como panameños vivimos nuestra panameñidad con orgullo y con pasión, pero eso no debe obnubilarnos ni creernos más de lo que somos. El deporte, la cultura y cuanto hagamos, forma parte de la vida terrena y es obra humana, así sin más. Por tanto, nuestra confianza en esas cosas debe estar acorde con la imperfección de nuestra humanidad. La verdadera confianza, esa que va más allá de nuestras fuerzas, solo puede estar puesta en una sola persona: Dios. Lo demás está propenso a los avatares de la vida mundana.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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