lunes, 30 de marzo de 2009

Discurso de Benedicto XVI sobre la promoción de la mujer

2009-03-29
La Voz del Pastor
Discurso de Benedicto XVI sobre la promoción de la mujer
A los movimientos comprometidos en Angola

Parte del discurso que pronunció Benedicto XVI el domingo 22 de marzo, durante el encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer en la parroquia de San Antonio de Luanda, Africa.

Queridos hermanos y hermanas:

«No les queda vino», dijo María a Jesús, suplicando para que la boda pudiera continuar en fiesta, como siempre debe ser: «Los invitados a la boda no pueden ayunar mientras tienen al novio con ellos» (cf. Mc 2,19). La Madre de Jesús fue después a los sirvientes recomendándoles: «Haced lo que él os diga» (cf. Jn 2,1-5). Y aquella mediación materna hizo posible el «vino bueno», premonitor de una nueva alianza entre la omnipotencia divina y el corazón humano pobre, pero bien dispuesto. Por lo demás, esto es lo que ya había sucedido en el pasado cuando –como hemos oído en la primera lectura– «todo el pueblo, a una, respondió: “haremos todo cuanto ha dicho el Señor”» (Ex 19,8).

Que estas mismas palabras broten del corazón de todos los que estamos aquí reunidos, en esta iglesia de San Antonio, levantada gracias a la benemérita obra misionera de los Frailes menores capuchinos, como una nueva Tienda para el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio del pueblo en camino. Sobre ellos y cuantos colaboran y se benefician de la asistencia religiosa y social que se presta aquí, el Papa imparte una benévola y alentadora Bendición. Saludo cordialmente a todos los presentes: Obispos, presbíteros, consagrados y consagradas, y de modo particular a vosotros, fieles laicos, que asumís conscientemente los deberes de compromiso y testimonio cristiano que conlleva el sacramento del bautismo y, para los casados, también del sacramento de la matrimonio. Y, dado el motivo principal que nos reúne aquí, dirijo un saludo lleno de afecto y esperanza a las mujeres, a las que Dios ha confiado la fuente de la vida: vivís y apostáis por la vida, porque el Dios vivo ha apostado por vosotras. Saludo con espíritu agradecido a los responsables y animadores de los Movimientos eclesiales que se preocupan entre otras cosas por la promoción de la mujer angoleña. Agradezco a Mons. José de Queirós Alves y a vuestros representantes las palabras que me han dirigido, expresando los afanes y esperanzas de tantas heroínas silenciosas, como son las mujeres en esta querida Nación.

Exhorto a todos a ser realmente conscientes de las condiciones desfavorables a las que han estado sometidas –y lo siguen estando– muchas mujeres, examinando en qué medida esto puede ser causado por la conducta y la actitud de los hombres, a veces por su falta de sensibilidad o responsabilidad. Los designios de Dios son diferentes. Hemos escuchado en la lectura que todo el pueblo contestó al unísono: «Haremos todo cuanto ha dicho el Señor». Dice la Sagrada Escritura que el Creador divino, al ver la obra que había realizado, vio que faltaba algo: todo habría sido bueno si el hombre no hubiera estado solo. ¿Cómo podía el hombre solo ser imagen y semejanza de Dios, que es uno y trino, de Dios que es comunión? «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacer alguien como él que le ayude» (cf. Gn 2,18-20). Dios se puso de nuevo manos a la obra para crear la ayuda que faltaba, y se la proporcionó de forma privilegiada, introduciendo el orden del amor, que no veía suficientemente representado en la creación.

Como sabéis, hermanos y hermanas, este orden del amor pertenece a la vida íntima de Dios mismo, a la vida trinitaria, siendo el Espíritu Santo la hipóstasis personal del amor. Ahora bien, «sobre el designio eterno de Dios –como dijo el recordado Papa Juan Pablo II–, la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz»(Carta ap., Mulieris dignitatem, 29). En efecto, al ver el encanto fascinante que irradia de la mujer a causa de la íntima gracia que Dios le ha dado, el corazón del hombre se ilumina y se ve a sí mismo en ella: «Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23). La mujer es otro «yo» en la común humanidad. Hay que reconocer, afirmar y defender la misma dignidad del hombre y la mujer: ambos son personas, diferentes de cualquier otro ser viviente del mundo que les rodea.

Los dos están llamados a vivir en profunda comunión, en un recíproco reconocimiento y entrega de sí mismos, trabajando juntos por el bien común con las características complementarias de lo que es masculino y de lo que es femenino. ¿A quién se le oculta hoy la necesidad de dar más espacio a las «razones» del corazón? En un mundo como el actual, dominado por la técnica, se siente la exigencia de esta complementariedad de la mujer, para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse del todo. Puede pensarse en las tierras donde hay más pobreza, en las regiones devastadas por la guerra, en muchas situaciones trágicas causadas por las migraciones, forzadas o no... En esos casos, casi siempre son las mujeres las que mantienen intacta la dignidad humana, defienden la familia y tutelan los valores culturales y religiosos.

Queridos hermanos y hermanas, la historia habla casi exclusivamente de las conquistas de los hombres, cuando, en realidad, una parte importantísima se debe a la acción determinante, perseverante y beneficiosa de las mujeres. Permitidme que, entre muchas mujeres extraordinarias, os hable de dos: Teresa Gomes y María Bonino. Angoleña la primera, fallecida el año 2004 en la ciudad de Sumbe, después de una vida conyugal feliz de la que nacieron 7 hijos; su fe cristiana fue inquebrantable y su celo apostólico admirable, sobre todo en los años 1975 y 1976, cuando una feroz propaganda ideológica y política se abatió sobre la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias de Porto Amboim, consiguiendo casi que se cerraran las puertas de la iglesia. Teresa se convirtió entonces en la líder de los fieles que no se rindieron ante dicha situación, animándolos, protegiendo valerosa-mente las estructuras parroquiales y buscando cualquier modo posible para tener de nuevo la santa Misa. Su amor a la Iglesia la hizo incansable en la obra de la evangelización, bajo la guía de los sacerdotes.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

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Jubilados y pensionados

2009-03-29
A tiro de piedra
Jubilados y pensionados

El 31 de marzo se celebra el Día del Jubilado y del Pensionado, para rendir tributo a quienes aportaron a la sociedad y al país con su trabajo y su esfuerzo productivo. Llegar a viejo, en otro tiempo, era un honor; hoy es una maldición. Nadie quiere ser viejo, y nadie quiere al viejo.

Tanto en Panamá como en el resto de los países del tercer mundo, la jubilación y la pensión son insuficientes. Aún en los del llamado primer mundo, igual es. Aunque allá existen planes sociales y leyes que ayudan a sobrellevar las estrecheces económicas de la tercera edad. Aquí, en cambio, hasta se les prohíbe trabajar, y hasta quieren obligar a estas personas a renunciar a su trabajo para poder pagarles la jubilación a la que tienen derecho.

La mayoría de los pensionados y jubilados del país recibe emolumentos por debajo del salario mínimo de la profesión o el oficio que sirvió para su cotización. Caen en manos de agiotistas disfrazados de empresarios financieros, y en las garras de familiares que cogen al viejo como fuente de ingresos. Esa situación debe cambiar, a través de la educación al trabajador. La preparación para la vida de jubilado o pensionado debe empezar desde la escuela, y hacerla más fuerte durante el periodo laboral de la persona.

Si sabemos que la jubilación o la pensión no alcanzará, el estado puede crear programas de capitalización para esos fines. Uno de los puntos fuertes sería la emisión de bonos, para que la persona pueda invertir. Desafortunadamente, el sistema de bonos estatales apunta al gran capital, enriqueciendo a los que más tienen. Una parte del monto de los bonos, en cada emisión, debería destinarse a las personas que quieran ahorrar para su jubilación. Los bonos podrían ser de baja denominación, desde 25 hasta 100 balboas, para ponerlos al alcance popular.

Otra forma de capitalización popular, con miras al complemento de la jubilación, podría ser la venta de acciones de empresas estatales, o de empresas que se manejen con seriedad y quieran dedicar un porcentaje pequeño de su paquete accionario (no mayor del 10%), para promover el ahorro popular. Esto, por supuesto, se enmarcaría en el principio de la responsabilidad social empresarial. No se haría ningún daño, porque ayudaría a las empresas a capitalizarse, y a la población a tener un ingreso invirtiendo en el desarrollo de la actividad empresarial del patio.

Nuestro país podría ser modelo para otros, si acordáramos crear un plan de desarrollo social semejante. Poniendo más dinero en el bolsillo de los jubilados y pensionados, mejoraríamos su nivel de calidad de vida, y pondríamos más dinero a circular en el mercado interno.

¿Cómo lo haríamos? Convocando un diálogo nacional al estilo del que hicimos en los 1990 en Coronado y, sobre todo, poniéndolo en ejecución y no dejarlo dormir en las páginas de un informe que sería alabado en su presentación y olvidado en una gaveta. ¡Felicidades a los jubilados y pensionados en su día!

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Llamado a la concordia

2009-03-29
Editorial
Llamado a la concordia

Los acontecimientos recientes en el ambiente político estremecen y confunden el pensamiento de la nación, porque pendulan entre la verdad y la mentira, sin que sepamos a ciencia cierta cuándo se trata de una o de otra. Todo se piensa como posible, y todo se pone en duda. No hay a quien creer, ni a quien dejar de creer. El clima parece confuso y caótico.

Si hay quienes tengan la posibilidad de esclarecer el panorama, esos son los políticos del patio; particularmente los que aspiran a un puesto de elección. Todos, según sus promesas, propugnan por el bien del país y de su población. Pues, por ese bien, les corresponde actuar con honestidad, franqueza y civismo ante la situación actual. Quien cometió un error, que lo reconozca; quien miente, que diga la verdad; y quien se aprovecha de la coyuntura para sacar ventaja y provecho personal, que se haga el firme propósito de actuar con rectitud.

De nada valdrá salir airoso en la contienda electoral, si se alcanza el triunfo con un equipaje colmado de resquemores, deseos de venganza y con enemigos ansiosos de pasarle la factura prontamente y pagarle con la misma moneda. Al final, quienes salen perdiendo, son el país y su gente. No hay ningún derecho para actuar así.

Aunque falta poco para el día de las elecciones, todavía estamos a tiempo de crear un ambiente de verdadera fiesta electoral. Que cada uno apele a su conciencia y ponga la mano en su corazón, para deponer todo gesto amenazante y toda suciedad que empañe el noble ejercicio de la política, en aras de la necesaria concordia que nos dé un torneo electoral propio de gente civilizada, y con alto sentido de la ética y el civismo que, hasta ahora, no vemos y tanta falta nos hace.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Maíz milenario

2009-03-29
El Ojo del Profeta
Maíz milenario

El maíz es a los antiguos pueblos americanos lo que el trigo a los del medio oriente. Son, junto al arroz, los granos de cultivo y consumo más extendidos en el mundo. Su abundancia o escasez hace entrar en crisis a numerosas naciones, porque son la base de la alimentación de la mayoría de la población del planeta, desde el origen de su cultivo hace unos ocho mil años.

Un hallazgo reciente desplazó a Panamá como el lugar originario del cultivo de maíz en América, y ubica este hecho en México. Si hacemos una analogía con el desplazamiento del cultivo de maíz en nuestro país, por causa del modelo neoliberal que desmotivó su cultivo local, podríamos decir que el ser relegados por la razón económica es más fuerte y doloroso que el ser desplazado por la arqueología; porque la práctica dictada por la economía provoca hambre y pobreza en el campo.

Nos urge apresurar la recuperación y el desarrollo de la actividad agrícola local, porque el hambre no espera. Los grandes productores de maíz y otros granos son tentados por los cantos del biocombustible, que ofrece ganancias monetarias en detrimento de la alimentación de los seres humanos. Esa es razón poderosa, y esperamos que en los planes de los nuevos gobernantes sea un compromiso inmediato y concreto.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 23 de marzo de 2009

Los africanos "gritan reconciliación, justicia, y paz"

2009-03-22
La Voz del Pastor
Los africanos "gritan reconciliación, justicia, y paz"

Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este martes en la tarde durante la ceremonia de bienvenida que tuvo lugar en el aeropuerto Nsimalen de Yaundé, tras escuchar las palabras que le dirigió el presidente de la República, Paul Biya.

Os doy las gracias por vuestra acogida. Y le doy las gracias a usted, señor presidente, por las amables palabras que me acaba de dirigir. Aprecio profundamente la invitación que se me ha hecho para venir aquí, a Camerún, y quiero expresarle en primer lugar mi gratitud, así como al presidente de la conferencia episcopal nacional, monseñor Tonyé Bakot. Os saludo a todos los que me honráis con vuestra presencia en esta ocasión, y deseo asegurar que me siento feliz de encontrarme aquí, con vosotros, en la tierra de África, por primera vez desde mi elección a la Sede de Pedro.

Saludo cordialmente a mis hermanos en el episcopado, así como a los sacerdotes y laicos que están aquí reunidos. Dirijo mi saludo respetuoso también a los representantes del gobierno, a las autoridades civiles, y a los miembros del Cuerpo Diplomático. Mientras vuestro país, al igual que muchos otros en África, se prepara para celebrar el quincuagésimo aniversario de su independencia, quiero unir mi voz al coro de felicitaciones y de buenos deseos que os presentarán vuestros amigos de todo el mundo en esta feliz circunstancia. En esta asamblea, saludo también con reconocimiento a los miembros de otras confesiones cristianas y a los fieles de otras religiones. Al uniros hoy a nosotros, ofrecéis un signo elocuente de la buena voluntad y de la armonía que existen en este país entre las personas que pertenecen a las diferentes tradiciones religiosas.

Vengo entre vosotros como un pastor, vengo para confirmar a mis hermanos y hermanas en la fe. Es la misión que Cristo confió a Pedro en la Última Cena, y es la misión de los sucesores de Pedro. Cuando Pedro predicaba a las muchedumbres venidas a Jerusalén en Pentecostés, había entre ellos peregrinos procedentes de África. Y, en los primeros siglos del cristianismo, el testimonio de numerosos grandes santos de este continente --san Cipriano, santa Mónica, san Agustín, san Atanasio, por nombrar a unos pocos-- muestra el lugar destacado de África en los anales de la historia de la Iglesia. Desde entonces y hasta nuestros días, innumerables misioneros y numerosos mártires han seguido dando testimonio de Cristo en toda África, y hoy la Iglesia es bendecida por la presencia de unos 150 millones de miembros. Por tanto, ¿cómo no podía venir el sucesor de Pedro a África para celebrar junto a vosotros la fe en Cristo, que da la vida; fe que apoya y alimenta a tantos hijos e hijas de este gran continente?

Aquí, en Yaundé, en 1995, mi venerable predecesor, Juan Pablo II, promulgó la exhortación apostólica postsinodal "Ecclesia in Africa", fruto de la primera asamblea especial del Sínodo de los Obispos para África, celebrada en Roma el año anterior. De hecho, el décimo aniversario de aquel momento histórico fue recordado con gran solemnidad en esta misma ciudad no hace mucho tiempo. He venido aquí para publicar el "Instrumentum Laboris" de la segunda asamblea especial, que tendrá lugar en Roma el próximo mes de octubre. Los padres sinodales reflexionarán juntos sobre el tema: "La Iglesia en África, al servicio de la reconciliación, de la justicia y la paz. 'Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo' (Mt 5, 13,14)". Después de casi diez años del nuevo milenio, este momento de gracia es un llamamiento a todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos del continente a entregarse nuevamente a la misión de la Iglesia de llevar esperanza a los corazones del pueblo de África, y de este modo también a los pueblos de todo el mundo.

También en medio de las más grandes dificultades, el mensaje cristiano trae siempre consigo esperanza. La vida de santa Josefina Bakhita ofrece un espléndido ejemplo de la transformación que el encuentro con el Dios vivo puede provocar en una situación de gran sufrimiento e injusticia. Ante el dolor y la violencia, la pobreza, el hambre, la corrupción o el abuso del poder, un cristiano nunca puede quedarse en silencio. El mensaje salvífico del Evangelio exige ser proclamado con fuerza y claridad, de manera que la luz de Cristo pueda brillar en la oscuridad de la vida de las personas. Aquí, en África, al igual que en otras muchas partes del mundo, innumerables hombres y mujeres anhelan escuchar una palabra de esperanza y consuelo. Conflictos locales dejan miles de personas sin casa y desprotegidas, huérfanos y viudas. En un continente que, en el pasado, ha visto cómo muchos de sus habitantes eran cruelmente raptados y llevados a ultramar para trabajar como esclavos, el tráfico de seres humanos, especialmente de mujeres y niños inermes, se ha convertido en una moderna forma de esclavitud. En un momento de global escasez de comida, de confusión financiera, de cambios climáticos, África sufre de manera desproporcionada: un número creciente de sus habitantes acaba convirtiéndose en presa del hambre, de la pobreza, de la enfermedad. Gritan reconciliación, justicia, y paz, y esto es precisamente lo que la Iglesia les ofrece. No ofrece nuevas formas de opresión económica o política, sino la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Cf. Romanos 8,21). No impone modelos culturales que ignoran el derecho a la vida de los que todavía no han nacido, sino el agua pura salvífica del Evangelio de la vida. No promueve las rivalidades interétnicas, sino la rectitud, la paz y la alegría del Reino de Dios, descrito de manera sumamente apropiada por el Papa Pablo VI con estas palabras: "civilización del amor" (Cf. Mensaje para el Regina caeli, Pentecostés 1970).

Aquí, en Camerún, donde más de una cuarta parte de la población es católica, la Iglesia puede continuar con su misión de promoción del consuelo y la reconciliación. En el centro Cardenal Léger, podré observar personalmente la solicitud pastoral de esta Iglesia local por las personas enfermas y que sufren; y es particularmente digno de encomio el que los enfermos de sida en este país sean curados gratuitamente. El compromiso educativo es otro elemento clave del ministerio de la Iglesia, y ahora vemos que los esfuerzos de generaciones de maestros misioneros dan su fruto en la obra de la Universidad Católica de África Central, un signo de gran esperanza para el futuro de la región.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma

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Taxis de amarillo

2009-03-22
A tiro de piedra
Taxis de amarillo

Una vez más pide prórroga para pintar los taxis de color amarillo un sector de los dueños de taxi de la capital. Mientras una parte de los propietarios ha cumplido con la reglamentación, otra encuentra mil y una excusas para burlarse de la autoridad y continuar con el desorden.

Tres prórrogas se han dado en este asunto, desde que se venció el primer plazo en octubre de 2007. A pesar de que la medida se anunció en junio de 2006 en la Gaceta Oficial y de las prórrogas concedidas, todavía a esta fecha más de la mitad de los dueños de taxi incumple con la norma. La pregunta es: ¿cuántos años se necesitan para pintar un taxi? La Autoridad de Tránsito parece incapaz de hacer cumplir la reglamentación, y por eso se abusa y se burlan de ella. Para nadie es un secreto que el sector transportista, buseros y taxistas, es el que más irrespeta las normas de transporte y tráfico, y resulta ser el más beneficiado con moratorias, exoneraciones, prórrogas y dádivas económicas, a pesar del historial de violaciones a la ley, daño económico, y perjuicios humanos y materiales provocados por su irresponsabilidad. Eso sin contar el daño moral que infligen a los transportistas decentes, producto de la mala reputación que los bergantes han provocado a los que sí son responsables.

Es tiempo que las autoridades pongan fin a tanto abuso, comenzando con negarle la prórroga de la obligación de pintar los taxis de amarillo. El chantaje moral de los propietarios bellacos y los juegavivo, que se niegan a pintar sus vehículos esperanzados en la nueva prórroga o la eliminación de la medida, debe acabar. Ese cuento de dejar a la población sin transporte selectivo si les paran los carros, tiene su medicina. Hay que hacer cumplir el plazo, y garantizarle el transporte a la población. Para eso se pueden hacer varias cosas, como restringirle las horas y los días de circulación y el rechazo del revisado anual.

Si la Autoridad de Tránsito se lo propone, puede asignarle tres días a la semana para circular a los taxis cuya placa termina en número impar, y otros tres para aquellos que la matrícula termina en par. El domingo es de paro obligatorio para todos los que no están pintados de amarillo. Si quiere endurecer la medida, puede autorizar la circulación solamente en las horas pico del día, en dos jornadas: la mañana para los impares y la tarde para los pares. Con esta fórmula unos sólo circularían entre las 6:00 y las 10:00 de la mañana, y otros de 4:00 de la tarde a 8:00 de la noche. La prohibición de circulación dominical se mantendría.

Panamá ya no soporta más desorden ni irrespeto a las leyes. Vivimos en una sociedad agresiva, donde la capital y sus alrededores se lleva todos los puntos. La región comprendida entre Arraiján, Panamá, San Miguelito y Colón, con poco más de un millón de habitantes, es la campeona en violencia, inmoralidad y desmanes de todo tipo; cuando se contagie el resto del país, en la misma medida, estaremos perdidos.

Lo que se haga para frenar tanto abuso e irresponsabilidad es vital y debe hacerse pronto. Y el primer escarmiento bien podría ser que se hiciera cumplir la norma de pintar los taxis de color amarillo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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El debate y los medios

2009-03-22
Editorial
El debate y los medios

La realización del debate entre las dos candidaturas presidenciales con mayor opción de triunfo, hace unos días, es un esfuerzo plausible que debe ser valorado en la dimensión de procurar llevarle al votante las propuestas electorales, de viva voz de los candidatos. Sin embargo, algunos aspectos deben ser mejorados, y el posterior seguimiento por parte de los medios de comunicación, saneado de toda manipulación y pesquisa superflua.

El déficit en el desarrollo de las propuestas, durante la sesión, tuvo que ver, principalmente, con la habilidad y la voluntad de los candidatos de ceñirse a ese propósito, y con la capacidad de brevedad y concisión por parte de quienes formulaban las preguntas. Otro factor que incidió en el resultado del debate, al menos en su presentación al público, fue el modelo que se escogió para adaptar el programa al formato de la televisión.

No debe perderse de vista, tampoco, ni traerse a menos, la opinión que el ciudadano se formó sobre el debate. Las críticas deben considerarse para futuros programas, y la percepción del público debe tomarse muy en cuenta para corregir los errores. Si el debate deja de cumplir el cometido de informar a los votantes, de manera eficaz, de las propuestas y el plan de gobierno de los candidatos, flaco favor le hará a la democracia y a las organizaciones que se inmiscuyen en esta empresa.

Hacemos votos por que, al menos, se dé un segundo debate entre los candidatos a la presidencia de la república, pero subsanando las fallas y procurando centrarse en lo esencial: las propuestas. Y en esto deben poner todo su empeño los propios candidatos, los medios de comunicación que lo auspicien, y los organizadores, con el firme propósito de alcanzar el cometido del debate y de deponer todo gesto amenazante, toda provocación, y todo acto que busque el camino electorero en detrimento de la altura que debe mantener quien aspira a la máxima magistratura de la nación.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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