miércoles, 12 de marzo de 2008

Soberanía y compromiso internacional

2008-03-09
El Ojo del Profeta
Soberanía y compromiso internacional

En la edición anterior señalamos que las fronteras entre países sirven para mantener la convivencia pacífica entre estados y advertíamos del peligro que representa su violación, tanto por organismos oficiales como por fuerzas irregulares. El caso entre Ecuador y Colombia, en que este último país violó el territorio soberano del primero, en combate con guerrilleros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), es claro ejemplo de lo que mencionábamos.

La violación del territorio ecuatoriano no entraña duda alguna. De hecho, el gobierno colombiano la ha reconocido. Donde sí hay dudas, que deben esclarecerse por el bien de la paz, es en el apoyo que supuestamente brinda el gobierno del Ecuador a las FARC, tolerando el establecimiento de campamentos de la guerrilla dentro de su frontera y permitiendo que desde allí se planifiquen las operaciones que terminan en secuestro, muerte y destrucción del lado colombiano.

Colombia debe excusarse oficialmente ante el Ecuador y este país, a su vez, debe asegurarse de que las FARC no operen desde su territorio. El compromiso internacional de respetar la integridad territorial ajena debe cumplirse a carta cabal. Eso incluye evitar que desde el propio territorio se atente contra un estado vecino. También existen compromisos internacionales contra el terrorismo, plasmados en más de 25 tratados y convenios mundiales, y muchos suscritos por Colombia y Ecuador. Que cada país asuma su responsabilidad y se evite, a toda costa, una guerra entre ambos que a nada bueno llevará.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 3 de marzo de 2008

Las Obras de San Agustín

2008-03-02
La Voz del Pastor
Las Obras de San Agustín

Extracto de la Catequeisis del Papa en la Audiencia en el Vaticano del 20 de febrero de 2008.

Hoy volvemos a presentar la gran figura de san Agustín, sobre el que ya he hablado varias veces en las catequesis del miércoles. Es el Padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras, y de ellas quiero hablar hoy brevemente. Algunos de los escritos de san Agustín son de fundamental importancia, no sólo para la historia del cristianismo, sino también para la formación de toda la cultura occidental: el ejemplo más claro son las Confesiones, sin duda uno de los libros de la antigüedad cristiana más leídos todavía hoy. Al igual que varios Padres de la Iglesia de los primeros siglos, aunque en una medida incomparablemente más amplia, también el obispo de Hipona ejerció una influencia amplia y persistente, como lo demuestra la sobreabundante tradición manuscrita de sus obras, que son realmente numerosas.

Él mismo las revisó algunos años antes de morir en las Retractationes y poco después de su muerte fueron cuidadosamente registradas en el Indiculus ("índice") añadido por su fiel amigo Posidio a la biografía de san Agustín, Vita Augustini. La lista de las obras de san Agustín fue realizada con el objetivo explícito de salvaguardar su memoria mientras la invasión de los vándalos se extendía por toda el África romana y contabiliza mil treinta escritos numerados por su autor, junto con otros "que no pueden numerarse porque no les puso ningún número".

Posidio, obispo de una ciudad cercana, dictaba estas palabras precisamente en Hipona, donde se había refugiado y donde había asistido a la muerte de su amigo, y casi seguramente se basaba en el catálogo de la biblioteca personal de san Agustín. Hoy han sobrevivido más de trescientas cartas del obispo de Hipona, y casi seiscientas homilías, pero estas originalmente eran muchas más, quizá entre tres mil y cuatro mil, fruto de cuatro décadas de predicación del antiguo retórico, que había decidido seguir a Jesús, dejando de hablar a los grandes de la corte imperial para dirigirse a la población sencilla de Hipona.

En años recientes, el descubrimiento de un grupo de cartas y de algunas homilías ha enriquecido nuestro conocimiento de este gran Padre de la Iglesia. "Entre la producción literaria de san Agustín —por tanto, más de mil publicaciones subdivididas en escritos filosóficos, apologéticos, doctrinales, morales, monásticos, exegéticos y contra los herejes, además de las cartas y homilías— destacan algunas obras excepcionales de gran importancia teológica y filosófica. Ante todo, hay que recordar las Confesiones, antes mencionadas, escritas en trece libros entre los años 397 y 400 para alabanza de Dios. Son una especie de autobiografía en forma de diálogo con Dios. Este género literario refleja precisamente la vida de san Agustín, que no estaba cerrada en sí misma, dispersa en muchas cosas, sino vivida esencialmente como un diálogo con Dios y, de este modo, una vida con los demás.

El título Confesiones indica ya lo específico de esta autobiografía. En el latín cristiano desarrollado por la tradición de los Salmos, la palabra confesiones tiene dos significados, que se entrecruzan. Confesiones indica, en primer lugar, la confesión de las propias debilidades, de la miseria de los pecados; pero al mismo tiempo, confesiones significa alabanza a Dios, reconocimiento de Dios. Ver la propia miseria a la luz de Dios se convierte en alabanza a Dios y en acción de gracias porque Dios nos ama y nos acepta, nos transforma y nos eleva hacia sí mismo.

Sobre estas Confesiones, que tuvieron gran éxito ya en vida de san Agustín, escribió él mismo: "Han ejercido sobre mí un gran influjo mientras las escribía y lo siguen ejerciendo todavía cuando las vuelvo a leer. Menos difundidas, aunque igualmente originales y muy importantes son, también, las Retractationes, redactadas en dos libros en torno al año 427, en las que san Agustín, ya anciano, realiza una labor de "revisión" (retractatio) de toda su obra escrita, dejando así un documento literario singular y sumamente precioso, pero también una enseñanza de sinceridad y de humildad intelectual.

De civitate Dei, obra imponente y decisiva para el desarrollo del pensamiento político occidental y para la teología cristiana de la historia, fue escrita entre los años 413 y 426 en veintidós libros. La ocasión fue el saqueo de Roma por parte de los godos en el año 410. Muchos paganos de entonces, y también muchos cristianos, habían dicho: Roma ha caído, ahora el Dios cristiano y los apóstoles ya no pueden proteger la ciudad. Durante la presencia de las divinidades paganas, Roma era caput mundi, la gran capital, y nadie podía imaginar que caería en manos de los enemigos. Ahora, con el Dios cristiano, esta gran ciudad ya no parecía segura. Por tanto, el Dios de los cristianos no protegía, no podía ser el Dios a quien convenía encomendarse. A esta objeción, que también tocaba profundamente el corazón de los cristianos, responde san Agustín con esta grandiosa obra, De civitate Dei, aclarando qué es lo que debían esperarse de Dios y qué es lo que no podían esperar de él, cuál es la relación entre la esfera política y la esfera de la fe, de la Iglesia. Este libro sigue siendo una fuente para definir bien la auténtica laicidad y la competencia de la Iglesia, la grande y verdadera esperanza que nos da la fe.

Este gran libro es una presentación de la historia de la humanidad gobernada por la divina Providencia, pero actualmente dividida en dos amores. Y este es el designio fundamental, su interpretación de la historia, la lucha entre dos amores: el amor a sí mismo "hasta el desprecio de Dios" y el amor a Dios "hasta el desprecio de sí mismo", (De civitate Dei, XIV, 28), hasta la plena libertad de sí mismo para los demás a la luz de Dios. Igualmente importante es el De Trinitate, obra en quince libros sobre el núcleo principal de la fe cristiana, la fe en el Dios trino, escrita en dos tiempos: entre los años 399 y 412 los primeros doce libros, publicados sin saberlo san Agustín, el cual hacia el año 420 los completó y revisó toda la obra. En ella reflexiona sobre el rostro de Dios y trata de comprender este misterio de Dios, que es único, el único creador del mundo, de todos nosotros: precisamente este Dios único es trinitario, un círculo de amor. Trata de comprender el misterio insondable: precisamente su ser trinitario, en tres Personas, es la unidad más real y profunda del único Dios.

El libro De doctrina christiana es, en cambio, una auténtica introducción cultural a la interpretación de la Biblia y, en definitiva, al cristianismo mismo, y tuvo una importancia decisiva en la formación de la cultura occidental.

Con gran humildad, san Agustín fue ciertamente consciente de su propia talla intelectual. Pero para él era más importante llevar el mensaje cristiano a los sencillos que redactar grandes obras de elevado nivel teológico. Esta intención profunda, que le guió durante toda su vida, se manifiesta en una carta escrita a su colega Evodio, en la que le comunica la decisión de dejar de dictar por el momento los libros del De Trinitate, "pues son demasiados densos y creo que son pocos los que los pueden entender; urgen más textos que esperamos sean útiles a muchos" (Epistulae, 169, 1, 1). Por tanto, para él era más útil comunicar la fe de manera comprensible para todos, que escribir grandes obras teológicas.

Su Santidad Benedicto XVI

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Mandarín

2008-03-02
A tiro de piedra
Mandarín

El año pasado se presentó la propuesta legislativa de enseñar el idioma mandarín en todas las escuelas del país, so pretexto del crecimiento de China y de las oportunidades que supuestamente podemos tener con el dominio de ese idioma y el intercambio comercial con la potencia asiática. La idea no es mala; lo errado es intentar que todos los panameños, de aquí en adelante, hablemos mandarín y que el uso de ese idioma nos llenará de dinero.

Si los chinos están aprendiendo inglés y español, para comunicarse con el resto del mundo, ¿para qué pretender que todos hablemos mandarín? Sería mejor, y más sensato, crear un instituto de lenguas extranjeras como opción educativa posbachillerato e incorporar en menos tiempo al mercado de trabajo a nuestra juventud. Con los fondos que nos gastaríamos aprendiendo mandarín en todas las escuelas y el esfuerzo logístico que ello implica, abrimos extensiones del instituto en las principales ciudades del país y aprendemos inglés, francés, mandarín, ruso, indio y portugués, entre otros.

La lógica de la legislación propuesta es la de ampliar el horizonte económico de Panamá, fuera de las otras bondades que invoca. Por eso se dirige a lo que en la actualidad se llama “economías emergentes”; entre las que destacan países como el líder China, India, Rusia y Brasil. Cerrarse en el mandarín es un error; seguir con la lógica de un idioma cada vez que hay una oportunidad económica, también nos llevaría a incluir otras lenguas y, al final, abarcaremos mucho y apretaremos poco.

Otro obstáculo con el proyecto mandarín, y con la práctica de un idioma extra, es la cantidad de docentes calificados que necesitaríamos y que, al menos, sería de 9 por cada escuela básica y de tres por cada secundaria, multiplicada por las miles de escuelas del país. Es un proyecto costoso y, en el aspecto logístico, extremadamente difícil de llevarse a la realidad: Ni siquiera con los maestros chinos que, supuestamente, ha ofrecido China; los que, por supuesto, tendrían que dominar el idioma español.

A Panamá, como país de servicios, le conviene tener una fuerza laboral altamente calificada; una población que pueda comunicarse en varias lenguas; y crear oportunidades de trabajo para su gente, con el fin de lograr el pleno empleo. Eso se consigue con decisiones sabias e inteligentes y no solo con el deseo y la buena voluntad de hacerlo. Olvidémonos del mandarín en todas las escuelas y de otras lenguas extranjeras, fuera del inglés, como curso obligatorio. Conviene un instituto superior para ese fin y el reforzamiento, actualización y aprovechamiento de la educación y los recursos humanos. El resto sobra.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Vindicta pública

2008-03-02
Editorial
Vindicta pública

La detención de un diputado suplente junto a otras personas, por encontrarse dentro de un vehículo que transportaba drogas, vuelve a poner sobre el tapete la limitación de investigar que tiene el Ministerio Público a los miembros de la Asamblea Nacional, aunque se trate de delito común.

El papel que la ley le asigna al Órgano Judicial, de convertirse en instancia de investigación cuando de diputados se trata, debe revisarse y debatirse profundamente para saber si es conveniente para la democracia y para la propia Corte. ¿Puede haber real separación entre los poderes, si es el Órgano Judicial el que investiga a los diputados? ¿Acaso puede existir administración de justicia de manera imparcial, si el que investiga es el mismo que juzga?

Tenemos ante nosotros una situación que, en forma y fondo, luce turbia y anormal desde el ser de la jurisprudencia. Ni siquiera parece haber diferencia entre el delito político, que eventualmente pueda cometer un diputado, y el delito común que ninguna relación guarda con la actuación legislativa. Es, pues, una cuestión que plantea un grave dilema en lo jurídico, lo político y, sobre todo, lo ético.

Volver al cauce de los principios de la democracia y la jurisprudencia implica, para la nación entera, un replanteamiento de los valores que, en letra y en espíritu, deben inspirar nuestra Constitución. Y, entre ellos, el correcto equilibrio entre tribunales y vindicta pública.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Soberanía en la frontera

2008-03-02
El Ojo del Profeta
Soberanía en la frontera

Las divisiones limítrofes contribuyen a mantener la paz y las buenas relaciones entre países vecinos. Cuando ellas se traspasan, o de alguna manera algún acto extranjero vulnera la soberanía ajena, la coexistencia pacífica entre estados fronterizos se lesiona o se rompe.

Por eso es de especial cuidado las acciones de la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), cuando penetran el territorio nacional de Panamá; acto que pone en peligro la integridad de la población darienita y crea el desasosiego entre los habitantes del Darién, incluidas las comarcas indígenas.

Velar por nuestra soberanía en la frontera con Colombia, proteger a la población que habita en esa zona del lado panameño y garantizar la seguridad pública allí, es una ingente tarea, pero no por eso imposible de realizar. La reciente captura de irregulares colombianos, tras un tiroteo, así lo demuestra y esperamos que, en su labor de vigilancia y cuidado de nuestra frontera, la Policía Nacional reciba todo el apoyo de las autoridades, la oposición política y la población en general.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 22 de febrero de 2008

Corrupción y nuestro ser discípulos

2008-02-24
La Voz del Pastor
Corrupción y nuestro ser discípulos

La percepción de corrupción en los dominios de la política y de la economía, se ha vuelto un lugar común y, hasta en ocasiones, un juicio temerario, por presuponer corrupción sin algún tipo de prueba de ello. Precisamente, la desconfianza en instituciones de la vida pública procede de esta percepción de corrupción. Ahora bien, aunque la corrupción la asociemos a las esferas de lo político y de lo económico y es así como en los medios de comunicación se acostumbra a hablar de ella, por el daño que ocasiona, ella es también una cuestión ética; es decir, se trata de una opción ¿por el bien o por el mal?

La corrupción consiste en realizar transacciones no éticas o ilegales, entre dos o más agentes y que perjudican a un tercero. Hay una transacción mala entre dos partes y una infidelidad a un tercero; no es lo mismo que un robo.

Supongamos que alguien de una administración pública hace una componenda ilegítima con una empresa para la adjudicación de un contrato; las dos partes están perjudicando al pueblo, son infieles a él, y, en particular, a los más pobres, que son los que más necesitan los apoyos del Estado.

Todavía más, la corrupción es pecado y ocasión para más agravantes de pecado; es decir, la corrupción es camino de muerte, negación del Dios de la Vida, que se nos ha revelado en Cristo Jesús. Daña a las personas y daña al orden social. Pecado personal y pecado social, no mera cuestión político-económica. Puede ser de mucha utilidad volver a leer la exhortación apostólica Reconciliación y Penitencia, del siervo de Dios Juan Pablo II.

Se dice que un Estado burocratizado es un incentivo para la corrupción; que donde hay que realizar muchos trámites para una gestión, hay una invitación a la corrupción, pero hay otras situaciones. También, por ejemplo, en tiempos cercanos a elecciones generales, las tentaciones para el que teme perder el puesto, pueden ser muy grandes, sin embargo, no es fatal caer en ellas; está en juego una libre opción.

Leyes y reglamentos son ayuda para impedir la corrupción, pero son insuficientes y siempre hay el riesgo de que no se cumplan; de la impunidad. El cero corrupción pareciera no de este mundo, pero no es excusa para no tomar las medidas que ayuden a hacerla lo más imposible que se pueda.

Dentro de esta Cuaresma, revisemos nuestras vidas personales y ciudadanas. Hace falta la conversión del corazón. Es imprescindible la formación de la conciencia moral y ésta es una tarea, en primer lugar, de la familia. ¿Nuestras familias panameñas las cumplen? Los padres, ellos, ¿tienen también formadas sus conciencias? Tarea de familia, de la escuela del hogar, pero también de la Iglesia. Los sacerdotes y todos los católicos, debemos poner particular cuidado en el cumplimiento de esta docencia de la formación de la conciencia moral.

Vale para la corrupción y vale para toda conducta humana porque toda conducta tiene una dimensión ética; para el católico, además, coherencia con la fe que profesa. Cuando entre panameños nos quejamos de males que vemos en la vida pública, quizás estamos lanzando piedras a nuestro propio tejado, porque esos males, ¿no serán producto de negligencias en la vida familiar y en nuestra labor como personas responsables?

Mons. Pablo Varela
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Panamá

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Derechos posesorios

2008-02-24
A tiro de piedra
Derechos posesorios

La rebatiña por la tierra que se ha formado en Panamá es de pavor, porque mucha gente pierde sus terrenos entre la compra desmedida y la bellaquería de algunos que, sin ningún empacho, se apoderan de lo que no les pertenece y lo venden a terceros. ¿Qué hace el gobierno? Poco, que yo sepa, y deja el asunto a la libre oferta y demanda, o en manos de unos tribunales en los que el pobre desplatado poco puede hacer para que le reconozcan sus derechos.

He sabido de varios casos en los que las personas venden sus derechos posesorios por unos cuantos miles, cuando su tierra vale muchísimo más; se gastan el dinero; y luego quedan como precaristas en las ciudades del interior o la capital. En otros casos, vecinos del lugar venden lotes y fincas ajenos a extranjeros, hasta que aparece el verdadero dueño y se forma el lío. También hay casos como el de un político sinvergüenza, ex alcalde de Arraiján, que quiere despojar a una humilde mujer de su propiedad, para favorecer a un extranjero vecino de ella. El político ya tiene varios casos como éste en su haber. Me gustaría saber lo que dirá la gente de su partido, cuando aparezca el caso en los medios de comunicación y vayan a pedir votos prometiendo honestidad en el manejo de la cosa pública.

Es preciso que el gobierno tome medidas efectivas y urgentes, por el interés social que implica la situación. Las denuncias de los lugareños, especialmente los que viven cerca de las costas, son cada vez más abundantes.

La propiedad privada debe respetarse, pero también debe protegerse al débil de los abusadores y los delincuentes catastrales. Mañana será tarde y, en caso de que el asunto continúe a la libre oferta y demanda, el ambiente de impunidad, denegación de justicia, y de desprecio al principio de subsidiariedad, provocará que la población busque su propia solución en la defensa de sus derechos; cosa que por lo general desemboca en la violencia.

Nuestra población rural, o poseedora de tierras bajo derecho posesorio y aún con título de propiedad, necesita de apoyo y orientación estatal y de la sociedad civil organizada. Tenemos que evitar que continúe siendo víctima de especuladores y de la bellaquería de algunos, entre ellos delincuentes catastrales, que la despoja de su patrimonio y la empuja a un estado de total pobreza e indefensión social, porque parte importante de ella ni siquiera tiene una educación completa ni un oficio o profesión que le permita ganarse el sustento en otro ambiente distinto del que deja.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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