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lunes, 10 de diciembre de 2007

Que no vuelva a ocurrir

2007-12-09
Editorial
Que no vuelva a ocurrir

El resultado de la huelga médica ha sido de miles de pacientes, incluidos niños, adultos y ancianos, perjudicados porque no han recibido la atención de salud cuando la necesitaban o cuando estuvo programada con cita previa. Ningún poder humano podrá resarcir el daño a satisfacción ni restituir la salud perdida o el padecimiento sufrido. ¡No hay manera!

Aún con todos los argumentos y justificaciones que quieran darnos las partes en conflicto, será imposible legitimar la privación del servicio de salud a quien resulta, al final, la única víctima de tanta desconsideración: la población indefensa frente al poder del que hacen gala las partes enfrentadas.

Como suele ocurrir, al final cada contendor obtiene lo que resulte de su acuerdo, sea esto mucho o poco; y el pueblo sencillo, víctima inocente, lo único que saca es el sufrimiento irredento y la vuelta a una normalidad que ya conoce muy bien por experimentarla en propia carne: madrugar para conseguir un cupo para dentro de varias semanas o meses, y la ausencia de algunas medicinas que necesita para sobrellevar su enfermedad.

Después de terminada la huelga médica, sólo nos resta esperar que no vuelva a ocurrir algo así. Los que la sufren más son, en su mayoría, gente sin largos años de estudio ni detentadores de poder político, pero que día a día construyen el país con su sudor y su esfuerzo, del que se deriva el pago de cuotas e impuestos que, al fin y al cabo, pagan el salario y el nivel de vida de quienes deben proveerle los servicios de salud y la obligada seguridad social.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Plan de Seguridad Pública

2007-12-09
El Ojo del Profeta
Plan de Seguridad Pública

El tema de la seguridad ciudadana provoca un debate permanente en todos los países, por que se trata, quizá, de lo que garantiza lo más preciado que tiene toda estado: la vida y bienes de los asociados. Por eso, un clima de inseguridad tiene consecuencias negativas para el conglomerado social y sus instituciones.

Recientemente, el ministro de gobierno ha presentado su Plan de Seguridad Pública, que pretende aumentar la eficacia de la policía en la vigilancia y represión del crimen, la gestión preventiva, y la cooperación ciudadana para crear un ambiente de mejor seguridad entre la población.

Dentro del plan propuesto resalta la persecución contra el narcotráfico, que constituye el delito con mayor porcentaje dentro de la estadística de la criminalidad. En este punto debemos involucrarnos todos, y no dejarlo solamente a la autoridad, para que no siga la droga destruyendo nuestra vida en común. De poner en marcha adecuadamente la parte preventiva del plan de seguridad pública, el resultado que obtendremos será beneficioso para el país entero. Ojalá así sea.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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viernes, 27 de julio de 2007

Represión

2007-07-29
Editorial
Represión

Hace unos días un contingente del Servicio de Protección Institucional (SPI) reprimió con violencia a un grupo de personas, entre ellas algunas afectadas por el jarabe venenoso del Seguro Social, que protestaban en reclamo por el trato que reciben por parte de los funcionarios encargados de atender su caso.

La disconformidad que los llevó a protestar, la ausencia de un funcionario del nivel que solicitaban para que les atendiera, y estado anímico colectivo que estalló al empujar algunos a los agentes que le bloqueaba el paso, se juntaron y soliviantó los ánimos. La consecuencia: golpes y palazos que hoy lamentamos.

Si algo se falló fue en dos cosas fundamentales: confiarle al SPI una tarea que no le corresponde; y descuidar la acción negociadora que debe ejercerse en esos casos. Aunque la SPI le corresponda custodiar la Presidencia, sus unidades no están plenamente capacitadas para controlar multitudes bajo el procedimiento policial. Aunque se ofrecía la presencia del viceministro de la presidencia, el hecho implicaba que un equipo negociador lograra que los manifestantes aceptaran dialogar con él u otro funcionario.

Nos resta aprender la lección, porque ya los golpes y las heridas no se pueden borrar. Y una vez aprendida, sepamos crear conciencia sobre la solución pacífica de los conflictos, y de auténtica cultura de paz y convivencia fraternal entre todos los panameños.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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