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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Beneficiarios del Seguro Social

2009-11-15
A tiro de piedra
Beneficiarios del Seguro Social

La pesada carga que tiene la Caja de Seguro Social con los beneficiarios, que supera en número a los cotizantes, debe ser aliviada con urgencia. Más que dejarlos sin cobertura, debemos ofrecerle una opción que reemplace, parcial o totalmente, los servicios que brinda el Seguro.

Desde mi punto de vista como cotizante y usuario, el fenómeno de la cobertura total a los beneficiarios ocurre porque no existe alternativa frente a la oferta actual. Si tuviéramos que pagar la atención médica privada por nuestros dependientes, sería impagable para muchos de nosotros, y veríamos agravarse la enfermedad de nuestros seres queridos, o, peor aún, su muerte.

Quitarle el derecho de atención de salud a los beneficiarios de la Caja supone, en parte, una planificación que desarrolle un programa a largo plazo. Primero tendríamos que definir si la eliminación de la cobertura será total, o parcial. Luego habría que establecer a cual institución de salud le correspondería brindar esa atención. Después, cómo se daría esa transición en tiempo y espacio. Por último, quién asumiría el costo. El estado, el paciente, un plan de seguro médico público, o ambas partes, proporcionalmente.

En lo personal me inclino por una cobertura del Seguro Social sólo para los cónyuges, y los hijos menores de 19 años, siempre y cuando estén bajo la dependencia y autoridad de sus padres, que cubra medicinas, laboratorios, tratamientos y especialidades médicas. La atención primaria quedaría excluida. Esta deberá proveerse fuera del Seguro, y funcionaría como una especie de deducible. La atención de salud para quienes quedan sin cobertura, deberá ser provista por el sistema de salud público.

A mi modo de ver, el sistema de salud público ha descargado, por años, parte de su responsabilidad en el Seguro Social, lo que ha provocado que la Caja asuma lo propio y lo ajeno, mermando sus recursos y congestionándola de pacientes, al punto que la capacidad de atención sea superada por la demanda de los usuarios. Por eso es necesario que, en cualquier plan de recorte de cobertura a los beneficiarios, se incluya, como paso previo, la ampliación de los servicios e instalaciones de los centros de salud, y la construcción de varios hospitales de tercer nivel y de suficientes hospitales generales.

Toda solución para el exceso de cobertura de la Caja de Seguro Social debe pasar, también, por la revisión del sistema de salud nacional. Ver al Seguro como un hecho aislado es inconveniente, porque el problema de fondo quedará sin solución: la atención de salud eficaz, eficiente, y accesible, en todos sus aspectos, para la población del país.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 7 de julio de 2009

Caballerosidad política

2009-07-04
A tiro de piedra
Caballerosidad política

La visita de diversos personajes políticos al ex presidente Guillermo Endara, en su lecho de enfermo, es una muestra de que no todo está perdido en nuestra sociedad política. Personajes opositores al partidismo del ex mandatario, desfilaron para ofrecerle su respeto y desearle pronto restablecimiento.

Si esa caballerosidad se mostrara más a menudo en el comportamiento de nuestra clase política, quizá tendríamos menos escándalos y mejor ambiente en la relación interpartidaria. Es algo que nos hace falta, para edificar el ejercicio de la política en nuestro medio. Figuras como Ricardo Arias Calderón y Aristides Royo, quienes han demostrado decencia y educación en su actuar político, visitaron a Endara, en un gesto significativo. Ambos, en su momento, tuvieron sus divergencias con el enfermo. Su visita, en la actualidad, ni les suma ni les resta votos o simpatías electorales, porque ya están alejados de dichos menesteres; lo que nos hace pensar en la sinceridad de su visita.

Otras figuras, también, se apersonaron al hospital donde está recluido Guillermo Endara. El ex presidente Ernesto Pérez Balladares; el actual presidente, Ricardo Martinelli; y el presidente saliente, Martín Torrijos. De este último, igual, debo destacar sus buenas maneras y sencillez. No juzgo, y aclaro, la gestión presidencial o de hombre público de ninguno. En su momento, cuando estuvieron al frente de sus cargos, lo hice con toda libertad. Nunca busqué ni pedí que me dieran un puesto, o una botella, o algún favor que me acomodara. Menos pedí dinero. ¡Líbreme Dios! A cada uno de ellos les he dicho lo que pienso, sin adulación ni hipocresía. Excepto a Royo, a los demás les he dicho, frente a frente, mi opinión con respecto a las circunstancias que nos han hecho encontrarnos. Pero a todos, sin excepción, les critiqué en mis escritos.

Con la violencia verbal y el ataque personalizado que observamos en la reciente campaña electoral, el gesto de estos hombres que menciono se convierte en un acto digno de imitar. La caballerosidad, la decencia, la tolerancia, la honestidad y el buen actuar, es lo que espero de los funcionarios que ahora asumen la conducción del país. De su ejemplo depende que sus simpatizantes los emulen. Según sea el personaje que gobierna o dirige, así serán sus seguidores. Que la buena conducta sea incluida en el cambio que se nos ha prometido, porque en la campaña estuvo ausente en el proceder de algunos.

Deseo pronto restablecimiento al ex presidente Endara, si es la voluntad de Dios. Que, recíprocamente, corresponda a la caballerosidad que ha recibido en su cama de doliente. Que recupere aquel carácter afable y trato exquisito, cuando lo veía atravesar, hace años, la Plaza de Porras, al salir de su bufete. Así me gustaría volverlo a ver. Y lo dice alguien con quien polemizó públicamente, y que siempre le respetó su investidura presidencial, al punto de esperar la terminación de su mandato para responderle, de ciudadano a ciudadano, algunos de sus señalamientos.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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martes, 16 de octubre de 2007

Hambre y virus

2007-10-07
Editorial
Hambre y virus

Las regiones indígenas siempre resultan afectadas de manera grave cuando, por cualquier razón, alguna tragedia las golpea o azota. Son conglomerados sociales frágiles y aislados por barreras geográficas, socioeconómicas, y culturales de diversa índole. Cuando en ellas se juntan el hambre y la enfermedad, el riesgo de fatalidades es mayor que en otros estratos.

La muerte de varios infantes en la comarca Ngöbe del lado de Veraguas, por causa de un virus que causa problemas respiratorios, y para el cual no existe vacuna, pone de manifiesto el resultado que se obtiene cuando se combinan la desnutrición y alguna enfermedad contagiosa, aunque esta no represente peligro fatal en situaciones normales.

De inmediato se impone, como se está haciendo, un cuidado de salud y medidas sanitarias rigurosas, para controlar la epidemia. En lo venidero, un fortalecimiento de los programas de nutrición, y la autogestión en la producción de alimentos, así como la educación comunitaria que abra nuevos horizontes en el manejo de la realidad social de ese conglomerado humano.

Es doloroso asumir que las muertes de los niños y niñas indígenas ocurridas son una pérdida irreparable; pero lo sería aún más si por desidia o manipulación política, le cerráramos la puerta a la esperanza de vida y realización humana a los sobrevivientes de esta tragedia inconcebible.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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