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lunes, 19 de octubre de 2009

La decadencia argentina

2009-10-18
A tiro de piedra
La decadencia argentina

Maradona es uno de los jugadores de fútbol más grandes de todos los tiempos, pero resulta un fiasco como director de la selección. Aún con importantes figuras del fútbol mundial, lleva al descalabro la selección de su país.

Realmente Argentina no se merece el bochorno que está pasando, porque es un equipo con muchos seguidores, y una de las esperanzas de llegar a la final de la Copa Mundial, junto con Brasil. Jugarse la clasificación con Diego Armando Maradona al frente, sólo por haber sido un gran jugador, y el mejor en su momento, no es mérito suficiente. Las eliminatorias y el campeonato mundial mismo obliga a conjugar el conocimiento y la habilidad de los jugadores, con la experiencia, el saber y la estrategia del seleccionador o director de las selecciones nacionales. Argentina tiene excelentes jugadores, pero no se puede decir lo mismo del actual timonel.

No traigo a menos a Maradona, pero, tampoco, me animo a ser maradoniano. Dentro de la cancha reconozco sus méritos, aunque no lo considero el más grande; fuera de ella, es un desastre, a pesar de la agónica clasificación de la semana pasada. Sólo veamos su trayectoria comparada con otros tres grandes: Pelé, Beckenbauer, y Platini. Todos grandes, Maradona entre ellos, pero los otros le superan fuera del campo, en respeto, logros, y actitud de vida personal. De los cuatro, Franz Beckenbauer fue el único que tuvo una exitosa carrera como técnico alcanzando, incluso, el campeonato mundial de fútbol con la selección de su país, precisamente, ante Argentina, en 1990. Los otros dos optaron por rechazar la dirección de sus selecciones nacionales, porque conocían sus limitaciones, y prefirieron seguir vinculados al fútbol mundial de otra manera, aunque Platini lo intentó por poco tiempo en 1988.

Con Maradona, Argentina tropieza y no da seguridad. Lástima, porque Messi, Higuaín, Gago, Heinze, y otras grandes figuras de ese país se merecen más de lo que reciben actualmente. Los jugadores son buenos y están a la altura, su técnico no.

Maradona como jugador fue bueno, y hasta allí debemos dejarlo. No resultó como técnico en el equipo de segunda que dirigió en Argentina. No resulta bueno con la absoluta. Su ego parece ser opuestamente proporcional a su estatura, por lo que le resulta difícil dejar el cargo. Respondió a una crítica de Pelé diciendo que él había jugado en Europa y el otro no. Olvida que tuvo que nacionalizarse español. En los tiempos de Pelé poco aceptaban a los jugadores extranjeros. Sin embargo, los títulos de Pelé con su equipo brasileño son dignos de reconocer, incluidas las copas intercontinentales.

Pelé jugó 1366 partidos en su carrera, y marcó 1282 goles, para un promedio de 0.94. Maradona, en partidos y goles, llega a la mitad de “O Rei”. En Europa, el promedio de goles de Maradona rondó 0.50, salvo en el Barcelona en 1982-1984 que fue un poco mejor: 0.65 y en Argentina de 0.69. Nunca superó el 70% como goleador. Fue grande, sin duda, el argentino, pero como técnico aún le falta demostrar su grandeza, y no le queda tiempo. Decir más, sobra.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 10 de agosto de 2009

Conversación en tiempo de generaciones

2009-08-02
A tiro de piedra
Conversación en tiempo de generaciones

Un famoso cantante popular en los tiempos de mi padre, interpretaba una canción titulada “Conversación en tiempo de bolero”. Lo que más me llamaba la atención de la letra de la melodía era una parte que decía, “porque contigo no se puede hablar”. El intérprete se quejaba de no poder dialogar con su mujer debido a una evidente falta de entendimiento.

Igual ocurre con las distintas generaciones de la familia, cuando no se practica el diálogo. Son innumerables las veces que he tenido la oportunidad de observar discusiones familiares, o ser protagonista de ellas. Por lo general, las discusiones comienzan con el consabido “en mi tiempo era mejor", o "no era así”, o “esta juventud está perdida”, y cosas por el estilo.

Veamos, en tono de cuento, cómo sería una discusión entre un joven de 14 años, su padre de 40 y su abuelo que ronda los 65. Los tres están sentados frente al televisor viendo el partido de fútbol, mientras el joven, eufórico y fanático, alardea sobre las habilidades de Messi. Su padre, ni corto ni perezoso, recuerda a Maradona, como el más grande entre los grandes. El abuelo, que todavía tiene el temple de quién toda la vida ha trabajado duro, saca a relucir, del empolvado baúl de los recuerdos, al rey Pelé. De esta forma comienza la discusión, que, después del segundo tiempo, acabará criticando la música y la manera de vestir del mozuelo.

Hijo mío, le recrimina el Padre. En mi tiempo no vestíamos esos trapos que ustedes se ponen hoy. Tampoco escuchábamos esa música estridente ni llegábamos tan tarde a casa. Ustedes son una generación pérdida. En eso, interrumpe el abuelo y dice:
Esos nombrecitos de sus conjuntos, con esas muchachitas semivestidas y esos tipos mamarrachos, no están en nada. En mi época, el Gran Combo o la Fania hubieran acabado con cualquiera de esos. El padre regresa a escena y añade, hasta en el baile están despistados. La pareja por un lado, y ustedes por el otro. La discusión avanza, hasta el punto en que la autoridad de los mayores se impone. Aquí no hay penales ni tiempo suplementario. Los padres son los padres, y punto.

El jovenzuelo se retira con el rabo entre las piernas. La venganza, como una represalia a su bisoña erudición futbolística, se ha consumado. En su mente afloran los argumentos, que celosamente guarda en secreto. Qué puede criticar el abuelo cuando, según las anécdotas familiares, bailó bomba, twist y go-go y sé colaba en los quinceaños. Y papá…bien que movió su cuerpo al ritmo de la lambada y aún hasta suspira por mamá cuando escucha una canción de Menudo o Air Supply . Y del vestido, ni hablar. Nada tiene de diferente las faldas de medio paso que vio mi abuelo, con los pantaloncitos del tiempo de papá y las minis de mis amigas.

Realmente, sólo cambia la forma. Las películas de vaqueros se trocaron en las de guerra, después Rambo, y ahora tienen su expresión en Matrix. Los tragos y los cigarrillos son de la misma marca. Lo único que cambia son el escenario y los actores.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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