2008-08-10
A tiro de piedra
La mejor vacuna contra el militarismo
Muchos de los que vivimos nuestra niñez y nuestra juventud bajo la dictadura militar tuvimos que correr riesgos y dedicar nuestros mejores años a construir la democracia. El juego y la diversión a menudo eran sacrificados, para combatir al régimen. La democracia, en aquel tiempo, era nuestro anhelo.
Por estos días se habla del retorno al militarismo, en una parte con fundamento, y en otra por temor o politiquería, pero debo decir que la mejor vacuna contra el militarismo es la democracia. Llevamos ya casi 20 años de supuesto régimen democrático, y es hora de preguntarnos: ¿qué hemos hecho por la democracia?
Durante los últimos 19 años he escrito sobre el tema, le he hablado directamente a los presidentes Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares, en un encuentro con ambos cuando fui invitado como periodista en el tiempo que cada uno gobernaba. No pude hacerlo directamente con Mireya Moscoso, pero sí le envié el mensaje en una conversación con su ministro de gobierno Winston Spadafora. Mi petición era la misma: hay que invertir en democracia, educando a la población en ese campo. La respuesta de lo que se hizo al respecto la debe dar cada uno de ellos.
Si tuviera que hacer una evaluación del aporte democrático desde la Invasión hasta hoy, tendría que buscar cuánto hemos cambiado institucionalmente. El mayor aporte, para mí, es la realización de elecciones limpias. Luego le sigue la última reforma constitucional, donde resalta la eliminación de un cargo a la vicepresidencia de la república y el de los diputados y alcaldes. Sin embargo, la distribución del poder mediante sufragio saca mala nota. Conservamos el mismo vicio heredado de la política electorera de la primera mitad de la vida republicana y de la dictadura: el ganador se lleva todo en las elecciones de mayo.
Al echar una mirada a la fuerza pública, también me pregunto: ¿es que no hemos hecho nada en estos 19 años de democracia? ¿Acaso los agentes nombrados en democracia no son más que el remanente de las Fuerzas de Defensa? Y, si son mayoría, ¿por qué temer que vuelvan al militarismo? Si hemos hecho bien nuestra tarea democrática, resistiremos los vientos, por fuertes que sean. Si no está bien hecha, entonces estaremos en problemas.
Cuando leo los periódicos de estos días, o veo los reportajes de televisión, me apena ver que el militarismo es un tema de interés más para los viejos que para los jóvenes. ¿Por qué? Algo ha pasado. La democracia, como la riqueza del país, no alcanza a todos. Si estamos en peligro es porque somos vulnerables. Y esa vulnerabilidad tiene su raíz en la desatención de la enseñanza en el campo de la civilidad, que ha afectado la construcción de la vida democrática del país.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-08-10
Editorial
El precio del combustible
La disminución del precio de referencia del petróleo que usamos en Panamá (Texas Intermedio) no se compadece con lo que paga el consumidor local. Algunos nos dicen que se trata de la libre oferta y demanda, que determina el monto que desembolsa el comprador común. Sin embargo, otra parece ser la historia del asunto.
Existe un control evidente de las mayores distribuidoras de combustible, que impone precios al consumidor obligándolo a pagar lo que ellos desean, sin que la competencia, que también forma parte de las leyes del mercado de libre oferta y demanda, se pueda dar de una forma más patente.
Muy pocos vendedores de combustible al detal tenemos, porque las distribuidoras controlan la importación y la venta al público, actuando como una cadena de estaciones de combustible de un solo dueño. Los pocos independientes que hay, con respecto de ellas, se las ven a gatas para abastecerse y competir.
Hay una responsabilidad moral y ética para esas compañías dominantes, y que ahora se enmarca dentro de la responsabilidad social empresarial. Poco podemos hacer si continúa el actual escenario. Los consumidores necesitan organizarse mejor y ejercer el control social que promueva el cambio. Por ahora se ve lejano el día que ello ocurra, pero esperanza tenemos en el despertar de la población para que la transformación se realice y ten-gamos una situación más justa y equitativa.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-08-10
El Ojo del Profeta
Espíritu olímpico
El mayor ejemplo del espíritu olímpico es el respeto hacia el competidor, no importa si se gana o se pierde. Más importante que una medalla, la honestidad y la camaradería se imponen en todo momento. Se compite limpiamente, y se triunfa o se acepta la derrota en buena lid.
Sin embargo, nuestra delegación a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 da muestras de flaqueza en su espíritu deportivo. Descontento entre algunos atletas, idos y quedados; cuestionada cantidad de viajeros; y disputas entre directivos, son las demostraciones que maculan el escenario del olimpismo local.
Quiera Dios, y también nuestra dirigencia olímpica panameña, que pronto se superen las diferencias y se venzan los obstáculos, para que el deporte nacional se engrandezca en su espíritu, en su esencia y en su calidad.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-08-03
La Voz del Pastor
A pensar en tiempos electorales
La democracia es algo más que una forma de gobierno, y algo más que la elección de unos representantes por sufragio universal y libre. La democracia es una forma de entender la vida y la organización social que facilita al ser humano a vivir como persona.
El fundamento de la democracia es la persona humana en su dimensión comunitaria, porque su identidad se construye en el encuentro con los demás, en la comunicación y el reconocimiento de cada ser humano para construir un futuro en común. No basta con la garantía de sus derechos subjetivos y sus propios intereses; no puede haber bien individual sin bien común, con los elementos de gratuidad que ello conlleva.
Por ello, la democracia es una opción ética porque descansa sobre el valor de la persona humana y su dignidad. A la vez, la ética impone algunas exigencias a la democracia, la cuestiona permanentemente y la obliga a moverse dentro de ciertos parámetros a fin de lograr determinados resultados, como lo son que los pobres puedan ejercer el derecho de participar, gozar de los bienes mate-riales y hacer fructificar su capacidad de trabajo.
Todo esto es sabido, pero vale la pena recordarlo en el actual clima político, porque hay que irse formando una conciencia ciudadana al respecto e ir pensando qué hay que preguntar a los que van siendo proclamados candidatos y candidatas. Desde la fe todavía con cuánta mayor razón. Hay que discernir y hasta autocuestionarse: ¿votaré por quienes creo que nos beneficiarán en sentido individualista o realmente priorizo el bien común?
Aunque en estas elecciones las encuestas señalan en primer lugar de las preocupaciones el costo de la canasta básica y no la corrupción, ésta sigue siendo un desafío, al mismo tiempo que incide entre las causales del alto costo de la vida. Ahora bien, no basta con la voluntad política de un candidato electoral o de un gobernante austero en su gestión y sensible al sufrimiento de los pobres y excluidos pues se necesita que todos seamos honestos en todos los actos de la vida pública y privada; a la hora de votar y siempre. No puede prosperar un gobierno honesto en una sociedad corrupta.
El no a la corrupción comienza en la escuela de los auténticos valores: la familia. En el seno de la familia se aprenden; en la educación se cultivan. Así se prepara el camino para construir. La ética pública es inseparable de la ética privada.
Como decía una carta pastoral de la Conferencia Episcopal Panameña ya en junio de 1978, de lo que se trata para el país es de "...Una democracia política, económica y social que reconoce el valor inestimable de la persona, asegura el bienestar de todos, y los impulsa a su promoción integral en un clima de concordia y armonía". Si esto era así en 1978, ¡cuánto más en nuestros días cuando las posibilidades de realización son mucho más amplias y con el recorrido de más de una década en democracia!
Coincidiendo con este año antesala electoral, en la Iglesia estamos empapándonos en el Documento de Aparecida y así vamos preparándonos para un relanzamiento misionero Entonces, es conveniente hacer notar que en el Documento hay muchas valiosas indicaciones y orientaciones para el compromiso laico en el campo de la política y para el discernimiento en una atmósfera electoral. Es parte de la acción misionera la contribución a la construcción de la “ciudad de la tierra”, aportando los valores del Reino que se nos revela en Jesucristo.
Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar
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2008-08-03
A tiro de piedra
Política electorera
La táctica de los partidos políticos del país coincide en muchos aspectos y sólo se diferencia en el saco de donde sale el dinero. Mientras de un lado brota de las arcas estatales, del otro proviene de las donaciones de una casta que está un ratito con el gobierno y otro con la oposición.
Debo aclarar que estoy a favor de la existencia de los partidos, de las instituciones democráticas, y de la democracia participativa. La crítica que hago es con la intención de contribuir, al menos de esta forma, a que algunas conciencias se despierten y, por esa vía, lograr que poco a poco nuestros políticos y los partidos abandonen la malsana práctica del clientelismo político y el reparto del poder a través de acuerdos y alianzas que le garantizan cinco años de usufructo gubernamental.
Cada ciudadano tiene el derecho y el deber de informarse plenamente acerca de lo que hacen los partidos, de criticarlos, de censurarlos, y de revocarle la cuota de poder por medio del sufragio. Por eso es fundamental que haya más de una elección cada lustro, para que el voto tenga el valor y el poder que merece. Mientras los partidos impongan, en el Código Electoral, sus reglas y sus intereses, la democracia estará incompleta. Debe separarse, y fraccionarse, la elección de las autoridades ejecutivas y legislativas, en periodos y años distintos. Actualmente, el poder total se pone en juego en un solo momento, y el ganador se lo lleva todo durante 5 años.
Ante esa realidad, los partidos luchan encarnizadamente por hacer-se del poder. La actual campaña, en particular, es una lucha de reparto de bolsas de comida, de bonos y becas, de tómbola de electrodomésticos, y de recriminaciones de variado tono y color y que poco edifican o dignifican la política criolla.
Los millonarios recursos estatales que se utilizan, por ambos bandos, deberían, al menos, retribuirse con una campaña de más altura y un debate que ilustre y ponga en evidencia quién es la persona más capaz para ser presidente, alcalde, diputado, representante de corregimiento o concejal. El oficialismo saca ventaja de estar en el gobierno, pero todos reciben el subsidio de los millones que da el Tribunal Electoral. Excepto, claro, los partidos nuevos que aún no han participado y sobrevivido en una elección.
Necesitamos cambiar la cultura política electorera por una cultura política de planes y programas. Erradicar el clientelismo de la pachita que mutó en bolsa de comida, para que imperen el civismo y el poder ciudadano. Superar la dádiva del puesto público y la promesa que sólo se hace en oposición, por la educación y el trabajo que nos permitan prescindir de la influencia política para ganarnos el pan. Nada más ni nada menos.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-08-03
Editorial
Seguridad pública
Vemos con preocupación algunos aspectos de las leyes que supuestamente regirán para el aparato de seguridad pública del país. La posibilidad de agentes secretos altamente protegidos por la legislación, el control de los estamentos de seguridad, y la ausencia de una discusión más amplia del tema causan aprehensión.
Es necesario un mayor conocimiento por parte del ciudadano de lo que se pretende aprobar en materia de seguridad pública. No basta la divulgación por la Internet, porque la mayoría de la población no tiene acceso a ella. Por eso, es obligación ineludible de la Asamblea Nacional asumir el debate público y abrir la consulta ciudadana, antes de la aprobación final de las leyes de marras.
Los gobiernos pasan, los pueblos quedan. No debe haber apuro en un tema tan serio y vital para la tranquilidad del país, y para garantizar el régimen democrático y el estado de derecho, razón y propósito del estado panameño. Tampoco cabe la dilación innecesaria ni el sacar provecho político partidista de la situación, por parte de alguno o algunos, sin excepción.
Antes que la jurisprudencia de la seguridad pública, están la seguridad y la tranquilidad del país. Veamos con serenidad y buen juicio el tema, para que podamos construir sobre roca y no sobre arena las bases de esas instituciones.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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2008-08-03
El Ojo del Profeta
La casa común
Los esfuerzos mundiales para proteger y conservar la naturaleza deben ser apoyados por los estados y la población del planeta; al fin y al cabo, es nuestra casa común. El daño que se inflige en una parte, repercute en el resto de la superficie mundial. No hay fronteras ni soberanía para el entorno natural.
Panamá, por su posición geográfica, es paso obligado para las especies marinas y aviarias. Algunas partes de su territorio nacional constituyen verdaderos santuarios de la vida silvestre. En aras de ese espíritu de cooperación para protegerla, debemos redoblar el esfuerzo que hacemos en dicho campo.
Dios le dio al hombre la facultad de dominar la tierra, no de destruirla. Es su deber, por mandato divino y por causa de su propia supervivencia, amar la naturaleza y resguardar la Creación de todo mal que pueda cometer por causa de su placer o ambición.
Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
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