lunes, 23 de noviembre de 2009

¡Ven Señor Jesús!

2009-11-22
La Voz del Pastor
¡Ven Señor Jesús!

El tiempo litúrgico de adviento tiene una doble finalidad: Nos prepara para celebrar la Navidad, es decir, la conmemoración del primer advenimiento o venida del Hijo de Dios entre los hombres, para que los hombres llegaran a ser hijos de Dios. También nos exhorta a estar preparados y vigilantes, en la espera de una segunda venida del Señor, también llamada parusía. En la primera venida, se cumple el misterio pascual del Señor: su encarnación, pasión, muerte y resurrección. Se anuncia la llegada del Reino de Dios. Se envía a la Iglesia, con la fuerza del Espíritu, a anunciar el misterio pascual del Señor, y a llamar a todas las naciones a la conversión para el perdón de los pecados, en el nombre de Jesús. El tiempo de la Iglesia es el tiempo de la misión, el tiempo que media entre la ascensión del Señor y su segunda venida o parusía. Es el tiempo del protagonismo del Espíritu.

Todos los evangelios terminan con el mandado misional: Así, en Mateo, por ejemplo, el Señor nos dice: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y ense-ñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo (Mt 28:18-20)

Desde el inicio de su evangelio, Mateo nos anuncia que el Señor está con nosotros, como Enmanuel, Dios con nosotros, para cumplir el oráculo del profeta Isaías: “la doncella está encinta, y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel”. (Is 7:14). En este oráculo del siglo VIII a. C., que en su sentido literal se refiere a Ezequías, descendiente de Ajaz, rey de Judá, Mateo discierne un sentido mesiánico más profundo, y anuncia que la virgen dará a luz al Enmanuel, Jesús el Salvador.

Junto con las aguas mansas de Siloé, el hijo de la doncella era el signo de que Dios no había olvidado las promesas a la casa de David, representada en este momento por Ajaz. Este debía confiar en Dios, y no temblar ante las amenazas de los reyes de Siria e Israel, ni buscar refugio en un rey pagano, como Tiglat Pileser III, rey de Asiria. Esta fue la exhortación del profeta Isaías, pero el rey no quiso confiar en la fidelidad de Dios a su palabra.

Los dos signos ofrecidos eran expresión de la debilidad humana. Por eso interpelaban fuertemente a Ajaz para que creyera que en la debilidad se muestra el poder de Dios. Mateo enmarca su evangelio en esta doble alusión a la presencia continua de Dios con nosotros (Mt 1:23 y 28:20), primero como un niño débil y luego como el Mesías, Rey escarnecido y crucificado. Nos llama a la fe en un Dios que se ha hecho pequeño para engrandecernos a nosotros. En su evangelio, la figura de los pequeños adquiere especial relevancia. Los discípulos del Enmanuel son precisamente los que eligen hacerse pequeños, y se identifican con los pequeños del mundo: los pobres, marginados y excluidos. El Señor de hoy, de ayer y de siempre, que vendrá, en gloria y majestad, está presente en ellos: los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, encarcelados y carentes de techo, es decir, todos los que el mundo juzga como insignificantes (cf Mt 25:31-46).

El Adviento tiene presente también esta segunda venida del Señor, donde se nos pedirá cuenta de nuestra intendencia como administradores y promotores del Reino de Dios, don y tarea recibidos en la primera venida. Por eso, es un tiempo de penitencia y conversión, de vigilancia y oración, de espera y misión, porque el Señor vendrá como ladrón en la noche. Aguardamos su segunda venida con esperanza activa, es decir, comprometida aquí y ahora en promover el Reino, mediante la gestión de los asuntos temporales con espíritu evangélico, como los criados que no saben en qué momento del día o de la noche llegará su Señor. Ante el pasado, el presente y el futuro, los cristianos tenemos una actitud optimista, que descansa en el realismo de la fe en el misterio pascual del Señor, el que se encarnó, padeció, murió, resucitó, reina glorioso, y volverá en la plenitud del Reino.

En el Adviento, pues, nos preparamos para conmemorar la primera venida del Señor y para celebrar anticipadamente su segunda venida o parusía.

En las dos primeras semanas de Adviento, se enfatiza la segunda venida del Señor. Así lo transparenta la oración colecta del Domingo Primero de Adviento: “Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia, para que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos entrar en el Reino de los cielos, por N.S.J.C.”

La misma intención palpita en la oración colecta del Segundo Domingo de Adviento: “ Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos para la venida de tu Hijo, y que la sabiduría que viene del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida”.

En el Tercer Domingo de Adviento, ya empieza a introducirse la memoria de la primera venida, cuando decimos como Iglesia: “Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría.”

Y finalmente, en el Cuarto Domingo de Adviento, polariza la atención la encarnación del Verbo: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros que, por el anuncio del ángel, hemos conocido el misterio de la encarnación de tu Hijo, y concédenos, por su pasión y por su cruz, llegar a la gloria de la resurrección”.

Durante las tres primeras semanas de Adviento, el misal romano permite elegir entre el primer y el tercer prefacio de la oración eucarística. Así el primero recuerda que “al venir (Cristo) por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de salvación trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.

”En el prefacio del Tercer Domingo le decimos a Dios: “Tú has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo,... aparecerá, revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo... , y prosigue luego con una descripción prolija de aquel día futuro.

Los prefacios segundo y cuarto están reservados para el Cuarto Domingo de Adviento y para las ferias privilegiadas, el decir las eucaristías del día 17 de diciembre hasta el 24 en la mañana. En ellos, se subraya el papel de María en el misterio de la encarnación.

En el prefacio segundo, se destaca que “Cristo... a quien todos los profetas anunciaron y la virgen esperó con inefable amor de madre..., nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento...

”Finalmente, el cuarto prefacio nos anuncia que “en el seno virginal de la hija de Sión ha germinado aquel que nos nutre con el pan de los ángeles, y ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz... En María, madre de todos los hombres, la maternidad... se abre al don de una vida nueva..., se ha desbordado la misericordia”.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Portabilidad numérica

2009-11-22
A tiro de piedra
Portabilidad numérica

Lo que suponemos es un derecho del usuario resulta vulnerado al traspasarle el costo de la inversión que deben hacer las empresas de celulares. Al cobrarnos la tasa por la portabilidad numérica, ¿dónde queda ese derecho?

Me sorprende el concepto de libre competencia que tiene, en este caso, la Autoridad de los Servicios Públicos, porque bastante tiempo hemos estado amarrados a un proveedor, por mantener el número de teléfono celular que nos permite llevar con orden los asuntos profesionales. Si no fuera porque se pierden muchas oportunidades de negocios, más de uno habría cambiado varias veces de número.

Si nos imponen la tasa de la portabilidad numérica, bien podríamos cambiar, de inmediato, de empresa proveedora. ¿Por qué mantenerse con el mismo operador, si pagamos por el derecho de llevarnos el número de celular para otro lado? Lo lógico sería hacer uso del derecho por el que nos hacen pagar. Si acuerpáramos una idea así, de seguro que las compañías se las ingeniarían para eliminarnos la tasa, y de esa forma retener los clientes o ganar nuevos abonados.

Ya tuvimos una experiencia con las llamadas de larga distancia, al poder elegir el operador de nuestra predilección. El precio bajó, al desatarse la competencia, aunque después nos impusieron aquello de “el operador designado”, pero no nos cobraron tasa alguna por ejercer el derecho de hacer llamadas internacionales con el resto de las empresas que prestan el servicio.

¿Por qué hacerlo con la portabilidad numérica de los celulares?

A mi modo de ver es un cargo más, por algo que es un derecho del usuario. Ningún beneficio comercial obtenemos. Las llamadas se harán con la misma tecnología, el precio seguirá igual, el servicio que ofrecen no varía, y las fallas en el sistema o en la cobertura serán un calco de las actuales. Si en nada nos cambia pagar por esa tasa, ¿para qué quieren cobrarla?

No pierdo la esperanza que la ASEP obligue a las operadoras a pagar por la inversión que deben hacer para garantizar el derecho de la portabilidad numérica a los usuarios. Dicen que le costará 10 millones, pero no nos dicen en cuánto tiempo recuperan esa “inversión” con la tasa que nos impondrán. Y, después, ¿qué? ¿Ganancia? ¿Nos devolverán el excedente, o dejarán de cobrarnos?

Como decimos en buen panameño, “quieren meternos la yuca” y “conguearnos”, pero les puede salir caro si el público reacciona. Como nos “cocoreen” con la anunciada tasa, en la primera oportunidad debemos cambiarnos de operador. Hay registrados más de 2 millones de celulares en Panamá (se habla del doble de esta cifra), y allí está nuestro poder. Brinquemos de las dos más grandes, a las dos más chicas, y veamos si no enmiendan el rumbo. En la sencilla acción de cambiarnos de proveedor, cuando nos cobren la tasa de la portabilidad numérica, está nuestra fuerza. Solo basta actuar.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Cristo, Rey nuestro

2009-11-22
Editorial
Cristo, Rey nuestro

Alcanzamos el culmen del año litúrgico con la Solemnidad de Cristo Rey, después de cumplirse el ciclo de la celebración dominical que nos instruye acerca de la historia de salvación del pueblo de Dios, desde el Génesis hasta el envío del Paráclito, pasando por los profetas, el Bautista precursor, y la vida, obra, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Cristo, Rey nuestro y Señor de nuestras vidas, nos invita a buscar, perennemente, las cosas de arriba, y a no aferrarnos ni idolatrar las cosas del mundo. En el resumen sencillo de los mandamientos de Dios, amarlo a Él y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, está la clave de una vida llena de Dios. Una vida que puede ser sencilla y noble, tanto como nos adentremos en el ejemplo del Hijo de Dios que nos ha sido dado.

Este domingo, más que cumplir un mero tiempo litúrgico, nos corresponde hacer el examen de conciencia que nos revele el camino andado durante todo este año, el amor que hemos prodigado a Dios y a nuestros hermanos, y la historia de salvación que Dios ha hecho con cada uno de nosotros, por medio de su Palabra, que es Cristo mismo.

Por Cristo y para Cristo fueron hechas todas las cosas, constituyéndolo, así, en Rey del Universo. Es nuestro Pastor supremo, pero más que eso, nuestro redentor. Por nosotros derramó su sangre, como pago por el precio de nuestra liberación del pecado y de la muerte. Con Él llegó el Reino de Dios a nosotros, y con Él hemos de morir y resucitar el día final.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Un árbol y una vida

2009-11-22
El Ojo del Profeta
Un árbol y una vida

El árbol, como especie, representa la vida en muchas sociedades. Para recordar a alguna persona, sea que nazca, muera, visite o se considere alguien prominente para la nación, muchos países suelen plantar árboles en su honor. Por eso es paradójico el accidente donde la caída de un árbol, socavadas sus raíces, se cobró la vida de un joven profesional de la medicina.

Así como en el papel nos preocupamos por la vida de los árboles y la vegetación natural, debemos, de igual manera, velar por su condición sana y cuidado. So pretexto del progreso y de la comodidad, atentamos continuamente contra la naturaleza. Como administradores de la creación, cada uno de nosotros es responsable ante Dios de su conservación o destrucción. Si por desidia o ignorancia ocurren esas desgracias, nos toca enmendar esa situación y corregir el rumbo, para que los árboles, y el resto de la naturaleza, representen la vida y no la muerte.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Un árbol y una vida

2009-11-22
El Ojo del Profeta
Un árbol y una vida

El árbol, como especie, representa la vida en muchas sociedades. Para recordar a alguna persona, sea que nazca, muera, visite o se considere alguien prominente para la nación, muchos países suelen plantar árboles en su honor. Por eso es paradójico el accidente donde la caída de un árbol, socavadas sus raíces, se cobró la vida de un joven profesional de la medicina.

Así como en el papel nos preocupamos por la vida de los árboles y la vegetación natural, debemos, de igual manera, velar por su condición sana y cuidado. So pretexto del progreso y de la comodidad, atentamos continuamente contra la naturaleza. Como administradores de la creación, cada uno de nosotros es responsable ante Dios de su conservación o destrucción. Si por desidia o ignorancia ocurren esas desgracias, nos toca enmendar esa situación y corregir el rumbo, para que los árboles, y el resto de la naturaleza, representen la vida y no la muerte.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Deporte y pastoral juvenil

2009-11-15
La Voz del Pastor
Deporte y pastoral juvenil

Ofrecemos a continuación el mensaje del Papa Benedicto XVI al cardenal Stanisaw Ryako, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, con motivo del Seminario “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico” (Roma, 6 - 7 noviembre de 2009).

Con verdadero placer, le envío un cordial saludo a usted, al secretario, a los colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos, a los representantes de los organismos católicos que operan en el mundo del deporte, a los responsables de las asociaciones deportivas internacionales y nacionales y a todos aquellos que forman parte en el Seminario de estudio sobre el tema: “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico”, organizado por la Sección “Iglesia y deporte” de este Dicasterio.

El deporte posee un notable potencial educativo sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, tiene gran relevancia no sólo en el empleo del tiempo libre, sino también en la formación de la persona. El Concilio Vaticano II lo quiso nombrar entre los medios que pertenecen al patrimonio común de los hombres y que son adecuados para el perfeccionamiento moral y la formación humana (cfr Gravissimum Educationis, n. 4).

Si esto es verdad para la actividad deportiva en general, tanto más lo es para la que se desarrolla en los oratorios, en las escuelas y en las asociaciones deportivas, con el objetivo de asegurar una formación humana y cristiana a las nuevas generaciones. Como tuve forma de recordar recientemente, no debe olvidarse que “el deporte, practicado con pasión y vigilante sentido ético, especialmente para la juventud, se convierte en entrenamiento de la competitividad sana y de perfecciona-miento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad” (Discurso a los participantes de los Mundiales de Natación, 1 de agosto de 2009).

A través de las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual. De hecho, cuando están dirigidas al desarrollo integral de la persona y las gestionan personal cualificado y competente, las iniciativas deportivas se revelan como ocasión propicia en la que sacerdotes, religiosos y laicos pueden convertirse en verdaderos y propios educadores y maestros de vida de los jóvenes. Por tanto es necesario que, en nuestra época – en la que se advierte la urgente exigencia de educar a las nuevas generaciones –, la Iglesia siga apoyando el deporte para los jóvenes, valorando plenamente también la actividad competitiva en sus aspectos positivos, como por ejemplo, en la capacidad para estimular la competitividad, el valor y la tenacidad en la persecución de los objetivos, evitando, sin embargo, toda tendencia que desnaturalice su misma naturaleza con el recurso a prácticas incluso dañosas al organismo, como sucede en el caso del doping. En una acción formativa coordinada, los dirigentes, los técnicos y los operadores católicos deben considerarse guías experimentados para los adolescentes, ayudándoles a desarrollar sus propias potencialidades competitivas sin descuidar las cualidades humanas y las virtudes cristianas que hacen a la persona completamente madura.

En esta perspectiva, encuentro muy útil que este tercer Seminario de la Sección “Iglesia y deporte” del Consejo Pontificio para los Laicos centre su atención sobre la misión específica y sobre la identidad católica de las asociaciones deportivas, de las escuelas y de los oratorios gestionados por la Iglesia. Auguro de corazón que éste ayude a aprovechar las muchas y preciosas oportunidades que el deporte puede ofrecer a la pastoral juvenil y, mientras auguro un encuentro fructífero, aseguro mi oración invocando sobre los participantes y sobre aquellos que están comprometidos en promover una sana actividad deportiva, de modo particular en las Instituciones católicas, la guía del Espíritu Santo y la protección materna de María. Con estos sentimientos, envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

S. S. Benedicto XVI
Obispo de Roma


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Beneficiarios del Seguro Social

2009-11-15
A tiro de piedra
Beneficiarios del Seguro Social

La pesada carga que tiene la Caja de Seguro Social con los beneficiarios, que supera en número a los cotizantes, debe ser aliviada con urgencia. Más que dejarlos sin cobertura, debemos ofrecerle una opción que reemplace, parcial o totalmente, los servicios que brinda el Seguro.

Desde mi punto de vista como cotizante y usuario, el fenómeno de la cobertura total a los beneficiarios ocurre porque no existe alternativa frente a la oferta actual. Si tuviéramos que pagar la atención médica privada por nuestros dependientes, sería impagable para muchos de nosotros, y veríamos agravarse la enfermedad de nuestros seres queridos, o, peor aún, su muerte.

Quitarle el derecho de atención de salud a los beneficiarios de la Caja supone, en parte, una planificación que desarrolle un programa a largo plazo. Primero tendríamos que definir si la eliminación de la cobertura será total, o parcial. Luego habría que establecer a cual institución de salud le correspondería brindar esa atención. Después, cómo se daría esa transición en tiempo y espacio. Por último, quién asumiría el costo. El estado, el paciente, un plan de seguro médico público, o ambas partes, proporcionalmente.

En lo personal me inclino por una cobertura del Seguro Social sólo para los cónyuges, y los hijos menores de 19 años, siempre y cuando estén bajo la dependencia y autoridad de sus padres, que cubra medicinas, laboratorios, tratamientos y especialidades médicas. La atención primaria quedaría excluida. Esta deberá proveerse fuera del Seguro, y funcionaría como una especie de deducible. La atención de salud para quienes quedan sin cobertura, deberá ser provista por el sistema de salud público.

A mi modo de ver, el sistema de salud público ha descargado, por años, parte de su responsabilidad en el Seguro Social, lo que ha provocado que la Caja asuma lo propio y lo ajeno, mermando sus recursos y congestionándola de pacientes, al punto que la capacidad de atención sea superada por la demanda de los usuarios. Por eso es necesario que, en cualquier plan de recorte de cobertura a los beneficiarios, se incluya, como paso previo, la ampliación de los servicios e instalaciones de los centros de salud, y la construcción de varios hospitales de tercer nivel y de suficientes hospitales generales.

Toda solución para el exceso de cobertura de la Caja de Seguro Social debe pasar, también, por la revisión del sistema de salud nacional. Ver al Seguro como un hecho aislado es inconveniente, porque el problema de fondo quedará sin solución: la atención de salud eficaz, eficiente, y accesible, en todos sus aspectos, para la población del país.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Oración y valores éticos

2009-11-15
Editorial
Oración y valores éticos

Dos jornadas de trascendental importancia tendrán lugar durante esta semana en el país: la Oración por la Patria, y el Día Nacional de los Valores Éticos y Morales. La primera, que se realiza desde finales del siglo pasado, auspiciada por la Comisión Arquidiocesana de Oración, y el segundo, declarado así por Decreto Ejecutivo de 17 de noviembre de 2008, que promueve la Fundación Panameña de Ética y Civismo.

Quizá haya algunos que consideren poco importante orar, porque desconocen que la oración expresa lo que hay dentro del corazón de cada hombre, entendido como el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Es en el corazón de la persona donde radica su capacidad de obrar bien o mal, porque de allí puede salir lo que le contamina, o el amor que le hace actuar y vivir a imagen de su Creador.

Igual ocurre con los valores éticos y morales que la persona humana asuma como tales. La persona obrará y conducirá su vida por los senderos que esos valores y principios le inspiren. Un ser humano temeroso de Dios, seguidor de sus enseñanzas, y convencido de los valores éticos y morales que edifican su humanidad, será mejor hombre o mujer, en todos los ambientes que desenvuelva, y en su dimensión dual, terrena y celeste, que lo hace sentirse hijo de Dios.

Aunque hablamos de cosas intangibles, fe, valores y ética, es innegable la consecuencia concreta que produce su práctica y aprecio, para unos, y su ignorancia y desprecio, para otros. Que estas dos jornadas, a las que aludimos, no pasen inadvertidas ni traídas a menos, por los hijos e hijas de esta tierra istmeña.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Desarrollo

2009-11-15
El Ojo del Profeta
Desarrollo

Es común el encuentro de expertos y políticos para discutir, analizar y esbozar ideas y planes sobre el desarrollo de las distintas regiones del mundo. Muchos son los encuentros, pero pocos los resultados que llegan a concretarse, a causa de las actitudes y costumbres que se dan en el ejercicio de la política, principalmente, y de la falta de voluntad, en otras ocasiones. Poco es achacable a las poblaciones y los pueblos mismos.

Trazar la ruta para lograr un nivel de desarrollo aceptable para los países reclama, de las autoridades y los gestores de la política, que se convoque e implique a los sectores que son sujeto del desarrollo, porque la mecánica del desarrollo se fundamenta, precisamente, en la capacidad que tenemos de alcanzarlo, a fuerza de voluntad, conocimiento, y claridad en la dirección del progreso y la edificación que queremos darle a nuestra sociedad.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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jueves, 12 de noviembre de 2009

¡Pueblo sacerdotal bendice a tu Señor!

2009-11-08
La Voz del Pastor
¡Pueblo sacerdotal bendice a tu Señor!

En una perspectiva de fe, el presente año tiene dos características relevantes: Es el año del lanzamiento de la misión Continental en América Latina y el Caribe, además, a partir del 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, es también el Año Sacerdotal.

El primer rasgo responde a uno de los objetivos señalados en Aparecida. Allí se nos recordó que la misión es característica esencial de la Iglesia. No es accesoria, accidental ni esporádica, sino un estado permanente, exigido por la vocación de la Iglesia. Ella, en efecto, está llamada a prolongar en el tiempo y el espacio la vocación de Cristo, el Hijo de Dios, enviado por el Padre, como revelador, redentor y salvador, para manifestar a los hombres que Dios es el Padre, fuente de toda vida, que vive en una comunidad de amor, unido íntimamente con su Hijo unigénito, por el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, y nos ofrece la posibilidad de integrarnos en esta comunión, a través del misterio pascual de su Hijo: su pasión muerte, resurrección.

Por este camino, alcanzamos el perdón de los pecados y la comunicación del Espíritu Santo, que nos incorpora en la vida de la Santísima Trinidad. Y es que la unidad de Dios no es indiferenciada, sino que en ella se viven tres relaciones estrechas y eternas: la paternidad, la filiación y el amor. En su seno, las personas se definen por esta relación, como lo muestra la historia de la salvación. Gracias a la acción unitiva del Espíritu Santo, el Amor que procede del Padre y el Hijo, somos incorporados en esta comunión, como hijos adoptivos de Dios, en el Hijo, por pura gracia.

La Iglesia es señal de esta comunión. Es el sacramento de la unidad, porque, en Cristo, es como un signo o instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano (cf LG 1). Por eso mismo es un sacramento de misión: El Señor la envía, con la fuerza del Espíritu, a proclamar esta Buena Nueva en el mundo entero, y llamar a los hombres y mujeres de toda condición a convertirse y creer en el Evangelio. La familia de Dios también se puede equiparar con un reino que tiene a Dios como Padre y Soberano de un pueblo y un territorio. La alianza sinaítica o mosaica es la objetivación de esta relación. Tributaria de los códigos hititas de soberanía entre un rey soberano y un rey vasallo, consigna inequívocamente que el Pueblo de Dios debe su existencia al rey soberano: el Señor. Esto lo compromete a la obediencia y a la fidelidad, si quiere alcanzar vida y bendición. De lo contrario, se condena a la maldición y la muerte (cf Dt 30:15-20). La fidelidad a los preceptos de esta alianza es precisamente lo que constituye al pueblo como un reino de sacerdotes, una nación santa, el pueblo de la propiedad personal del Señor (cf Ex 19:3-6)

La ley como norma de conducta debía ser también fuente de vida: Pero este propósito se frustró reiteradas veces, porque no basta conocer el precepto para cumplirlo. La voluntad humana, herida por el pecado, necesitaba para ello una ayuda especial. En este contexto, los profetas anuncian una nueva alianza, no escrita en tablas de piedra, sino en el corazón humano, una alianza en el Espíritu (cf Jer 31:31-34; Ez 36:24-28).

La humanidad recibe esta ayuda por el misterio pascual de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote y víctima o Cordero Pascual, que, con una sola oblación, realizada una vez por todas, nos alcanza lo que no alcanzaron las múltiples oblaciones de los sacerdotes levíticos: el perdón de los pecados y la comunidad de vida con Dios. Lo que Cristo ofrece no es la sangre de machos cabríos y becerros, sino su propia vida. Por eso, es sacerdote y víctima o cordero (cf Hb).

Hemos blanqueado nuestras túnicas en la sangre de este cordero, por los sacramentos de iniciación: el bautismo, la confirmación y la primera eucaristía. Nos hemos despojado del hombre viejo y revestido del hombre nuevo, recreado a imagen y semejanza de Cristo. En él, y como él, somos ungidos en el Espíritu. Otros cristos, somos copartícipes de su vocación y misión. Poseemos el sacerdocio común o bautismal Como él, somos luz de las naciones, sal de la tierra, levadura de la masa, misioneros enviados al mundo con la fuerza del Espíritu para salvarlo, proclamando el misterio pascual del Señor, celebrándolo y dando testimonio de él en todos los ambientes y circunstancias (cf Hch 1:8).

Para que este pueblo sacerdotal cumpla fielmente su misión, el Señor elige a algunos de sus miembros y los unge con el sacramento del orden para que presten a su pueblo el servicio de la autoridad, en nombre de Cristo Cabeza, instruyéndolo, santificándolo y gobernándolo en el amor.

Este sacerdocio jerárquico o ministrante se distingue esencialmente del sacerdocio común o bautismal, pero está referido a él, como acabamos de ver.

De todo esto, debemos concluir que si bien es verdad que el Año Sacerdotal quiere conmemorar el aniversario número 150 del nacimiento en la gloria de un sacerdote ministerial eximio, el santo cura de Ars, san Juan María Vianney, también repercute profundamente en el sacerdocio bautismal o común de todo el Pueblo de Dios. Los sacerdotes jerárquicos debemos imitar la fidelidad de Cristo, sacerdote misericordioso y fiel, capaz de compadecerse de nuestras flaquezas, probado en todo como nosotros, menos en el pecado (cf Hb 4:14-16). Para ello, debemos crecer continuamente hacia la madurez de Cristo, quien no vino para que le sirvieran, sino a servir y entregar su vida por la salvación de todos (cf Mc, 10:45) El servicio al sacerdocio común es lo que da sentido a nuestro ministerio.

La fidelidad de Cristo es lealtad a la vocación y misión recibidas del Padre al ungirlo con su Espíritu: Pasar por el mundo haciendo el bien, liberando a cautivos y oprimidos, evangelizando a los pobres, dando la vista a los ciegos, y anunciando a todos la remisión de los pecados, porque Dios estaba con él (cf Lc 4:14-16; Hch 10:34-43). Nada ni nadie logran desviarlo de esta misión: ni las tentaciones del Adversario, ni la insinuación de Pedro en Cesarea de Filipo, ni el hostigamiento de sacerdotes, malhechores y soldados, en la crucifixión. Por eso es el Siervo en quien el Padre se complace, y a quien da el título que supera todo otro: Señor y Mesías (cf Fil 2:6-11).

La fidelidad del sacerdote ministerial está al servicio de la fidelidad de todo el pueblo sacerdotal para que bendiga a su Señor, cumpliendo las exigencias de su unción bautismal: pasar por el mundo haciendo el bien, liberando a cautivos y oprimidos, como Cristo, porque Dios está con él (cf Hch 10:34-43.

Mons. Oscar M. Brown J.
Obispo de Santiago


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El fin del Terraplén

2009-11-08
A tiro de piedra
El fin del Terraplén

La cinta costera avanza cual gusano que corroe todo a su paso. Acabó con la Avenida Balboa, y ahora acabará con el Terraplén. Estoy a favor del progreso, pero de aquel que construye historia y la respeta.

Para quien ha vivido o tenido contacto con el Casco Viejo (o Casco Antiguo, como quieren que le digamos ahora), cada calle, avenida, callejón, plaza, o rincón, tiene una historia colectiva y personal. Esos que han venido sólo a destruirlo, o a instalarse por esnobismo, no saben ni aprecian el espíritu y el alma de un barrio que muere cada día. Hay, ciertamente, algunos inquilinos nuevos que lo aprecian e intentan defenderlo, ante la impunidad y la imposición de los que sólo ven negocio y capricho a través de sus ojos mezquinos.

El avance de la cinta costera, usurpadora del derecho del Bulevar Balboa, ahora hinca sus colmillos en la yugular el Terraplén. Se tragará el Muelle Fiscal, el embarcadero y su rampa, la muralla y la baranda terraplenera, las escaleras que bajan al mar, los puestos de compra y venta, y, por supuesto, el encanto costanero de un sitio invaluable.

Nada en detalle nos han dicho de la obra de marras. Es posible que ni los gallinazos, que todo lo otean con su potente visión, lo sepan. Sin información detallada y oportuna, el asunto deja un sabor a obra maligna, devoradora del alma de un barrio, que ve cómo lo acaban sus depredadores. Tal engendro es innecesario. Lo del túnel vehicular es válido y posible, pero la extensión de la cinta, para que más carros pueden allegarse al Casco Viejo, es un atentado histórico y paisajístico execrable.

A mi modo de entender, el relleno abarcará hasta la playa que está frente a la Presidencia. Se elevará el terreno, se destinarán áreas de estacionamientos, paso vehicular, y zonas verdes, todo parecido a lo ya existente en la cinta costera. El carácter costero del lugar desaparece, porque ya el mar no besará sus riberas. Será como un parque, que afectará la vista y la apreciación del aspecto arquitectónico colonial de las murallas, y el monumental del Casco Viejo. Promiscuidad de estilos, que da a luz a una aberración barrial. ¡Si al menos se dignaran en reconstruir la rampa y las escaleras de cara al mar, para librarnos de los bloques en forma de equis que usa la constructora! Ya que el alma no les dice nada, al menos que se lo diga la razón.

Cobraría más valor el sitio si se ordenara la presencia de los vendedores de mercancía de segunda mano, pescado, víveres, y comida. También si se erradica la batería de cantinas, el negocio de las meretrices, y el mercado ilegal de propiedad hurtada o robada. Me imagino los restaurantes, los cafés, los puestos de artesanía en el Muelle Fiscal, los paseos en las pangas de los pescadores, las giras docentes por las calles del lugar, la gente a pie o en coches tirados por caballos o mulas. Me imagino la ambientación histórica con personas vestidas a la vieja usanza, y los visitantes disfrutando de todo esto.

Que lástima que tengamos autoridades tan bajunas, que no logran ver el valor intrínseco de un Casco Viejo que promete quedar bonito, por las inversiones que se hacen, pero despojado de su alma y de su espíritu.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Día del periodista

2009-11-08
Editorial
Día del periodista

El 13 de noviembre los periodistas panameños celebran su día, en honor a la figura de Gaspar Octavio Hernández, hombre virtuoso, y patriota consumado, a quien los trabajadores de la palabra tienen como ejemplo e inspiración. Sus virtudes y sus principios resultan ser los mismos que muchos otros grandes propulsores del periodismo nacional.

Nuestro periodismo actual da muestras de profesionalismo y dedicación, pero, también, demuestra graves deficiencias, que de no ser subsanadas acabarán por destruir la credibilidad y la confianza que le son necesarias, para que el público lo tenga en alta estima, lo que constituye el desafío mayor para los propietarios, los profesionales, y los usuarios de los medios de comunicación.

Fuertes pilares como la veracidad, la imparcialidad periodística, la valoración crítica de los hechos noticiosos, el respeto a la dignidad humana y a los valores de la sociedad son, sin duda, el sostén de un periodismo responsable que tiende a buscar el progreso de la sociedad y su edificación. Para su ejercicio es necesario, igualmente, el desempeño de la actividad periodística acorde con una sana y recta conciencia.

La sociedad tiene en el periodismo la clave de su vida participativa, que hace mover la rueda de la democracia, y el péndulo del equilibrio entre los poderes de aquella, cuya sanidad depende de lo bien informada que esté la población y del respeto de sus derechos. Por eso, exhortamos a los periodistas del país a hacer un ejercicio de discernimiento, sobre el desempeño de la profesión y la responsabilidad de informar, veraz y oportunamente, al público al cual se deben y que es la razón y el motivo real de la existencia del periodismo.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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No somos nada

2009-11-08
El Ojo del Profeta
No somos nada

Una vez más algunos avivatos se dedicaron a despojar de flores y floreros las tumbas de los cementerios, durante la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, demostrando el irrespeto y el poco aprecio que sienten por la memoria de aquellos que nos han precedido en el dulce sueño de la muerte.

La actitud de unos cuantos desdice mucho del panameño que, en otrora, dispensaba la cortesía, la amabilidad y el respeto a las instituciones y las cosas que nuestro pueblo ha tenido por sagradas y venerables. ¿Qué nos ha pasado? Ahora parece que vale más un dólar que el sentimiento de las demás personas. Que vale más el juegavivo, que el gesto solidario y la empatía hacia el prójimo. Mucho nos falta por hacer, para enderezar lo torcido, tarea que en todo lugar hemos de realizar con denuedo, para evitarnos peores males, porque a causa de la corrupción de la conciencia, ya casi no somos nada.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Qué significa hacer Patria?

2009-11-01
La Voz del Pastor
¿Qué significa hacer Patria?

Noviembre, es para los panameños un mes entrañable. Tiene resonancia de fiestas populares, de bandas escolares, de un ritual colectivo y recurrente en el que todos, sin distinción de clases o condición social, celebran con orgullo el ser panameño.

Cuando ya hemos cumplido el centenario de la República (1903-2003), seguimos acentuando el aspecto celebrativo, sin ahondar en lo que significa el amor a la Patria y al suelo que nos vio nacer.

A escasos meses de la instalación de un nuevo gobierno, en el que una vez más se puso de relieve la madurez política del electorado, esta nueva etapa se inicia llena de promesas por cumplir y de esperanzas en que un mañana mejor alumbre para todos, especialmente para ese porcentaje alto de panameños integrado por afrodescendientes, indígenas, campesinos, clases populares de los cinturones de miseria de nuestras áreas urbanas.

Pareciera que en la mente del ciudadano de a pie y de Juan Pueblo, el mañana vendría por obra y gracia de la gestión del nuevo gobierno, olvidándonos de que la Patria la hacemos todos.

Cada ciudadano está llamado a dar lo mejor de sí. El bien común, puede ser el término que exprese el accionar del Estado en la gestión de la cosa pública. Pero también, este término expresa el compromiso y la responsabilidad de todo ciudadano que aporta lo mejor de sí: el estudiante en la escuela, el empresario en la gestión eficiente y responsable de su empresa; el asalariado que cumple honradamente con las tareas y el horario establecido; el servidor público que hace uso honesto, transparente y responsable de los recursos del Estado que pagan todos los ciudadanos…y así una larga lista de actores sociales y de sectores organizados del país.

Estamos como nación, embarcados en la tarea de la ampliación del Canal, de la consolidación del Estado de Derecho, del perfeccionamiento del sistema democrático. Pero también esta hora de la historia nos pide, por el orgullo de ser panameños, el combate sin tregua a la pobreza y la exclusión social.

Pidamos a Dios, por intercesión de Santa María La Antigua, Patrona de la República de Panamá, que con el concurso de todos, gobernantes y gobernados nos sumemos a la tarea colectiva y verdadera de hacer Patria.

Mons. Aníbal Saldaña Santamaría
Obispo Prelado de Bocas del Toro

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El patriotismo que se nos muere

2009-11-01
A tiro de piedra
El patriotismo que se nos muere

Cada año resulta evidente la falta de sentido de lo panameño entre nosotros. Nos llenamos la boca de nacionalismo, ante un éxito deportivo o musical, pero hasta allí. Para el resto de las cosas, nuestro patriotismo colectivo es hueco y plagado de indolencia.

Atrás hemos dejado el tiempo en que el 3 de Noviembre era una fecha significativa para el panameño. Los niños eran vestidos con ropa nueva, abundaban las banderas en las vitrinas de los almacenes y los edificios públicos, los escolares y buena parte de la población sabían hablar con propiedad de los hechos y acontecimientos que dieron a luz a la República. Ahora vemos brujas y calabazas, delegaciones estudiantiles que marchan a ritmo de regué, y respuestas atorrantes cuando se pregunta por la razón de las fechas que suponemos nacionales.

Pareciera que estamos condenados a vivir este ciclo de apatía e indolencia hacia lo patrio, cuando el pueblo es corroído por lo foráneo y lo superfluo, como plasmó Gaspar Octavio Hernández, autor del Canto a la Bandera, en el editorial que redactaba cuando murió frente a su máquina de escribir, fecha que está dedicada como el Día del Periodista panameño.

Me repugna ver a tantos jóvenes que se arropan con la bandera durante un partido de fútbol, cual si ella fuera cualquier manto, y que según ellos eso los hace más panameños. Me indigna ver cuando se iza o arría la enseña patria, y se pasa al lado como si se tratara de un acto insignificante, y más aún cuando quien la baja del asta se la echa al hombro cual una prenda que se descuelga del tendedero. Poco me falta para escupirles la cara un día de estos.

Es preciso hacer docencia y reprender a los transgresores, descubrirles lo que realmente significa ser patriota, y despertarles el amor a la patria y a los símbolos que la representan. Somos un pueblo que camina aceleradamente hacia la incultura, lo chabacano, y el ensalzamiento de la chusma, y, para colmo, hacia la desconexión total del vínculo que nos une al ser panameño.

¡Basta ya! El ejemplo debe llegarnos de las autoridades, los gobernantes, los políticos, los hombres y mujeres públicos, los empresarios, y los que tienen la responsabilidad de guiar una familia. Sin ejemplos ni modelos que imitar, cualquier otro esfuerzo será en vano. ¿De qué nos vale el progreso que queremos mostrar a los foráneos, si en el corazón de nuestra sociedad está ausente aquello que nos identifica como panameños?

Ojalá y en esta ocasión, cada hombre y mujer que se siente movido por el patriotismo sincero, tenga el valor de clavar la bandera panameña en la puerta de su casa, y de decirle a todo el que está a su alrededor que somos mucho más que el pueblo bullanguero y populachero que toma estos días para la juerga, sin saber siquiera el origen y el porqué de nuestra identidad nacional.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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Tres fiestas importantes

2009-11-01
Editorial
Tres fiestas importantes

El ser humano tiene tres cosas que marcan su existencia, y a las que están conectadas todas las acciones de su vida. Ellas son Dios, la muerte, y la nación a la que pertenece. La fe y la existencia de Dios siempre le traerá conflicto interno, la muerte le preocupará y le causará temor, y por su pueblo y su nación dedicará pensamiento, esfuerzo y afecto.

Los panameños celebramos en estos tres días, un trío de fechas importantes: La Solemnidad de Todos los Santos, la conmemoración de los Fieles Difuntos, y el 3 de Noviembre. Cada una nos une a Dios, a la memoria de los seres queridos fallecidos, y a la Patria. En esencia, es el trípode que sostiene nuestra vida humana y nuestra condición de hombre, en tanto especie.

Sin embargo, el mundo actual intenta desarraigarnos del sentido de Dios y de la Nación. Se ataca a la Santa Madre Iglesia, para obligarnos a negar a Dios, y se ataca a la madre Patria, para arrancarnos el civismo y lo autóctono, reemplazándolo por una cultura masificante que nos deja sin raíces ni razón de ser como pueblo y nación.

Ante tal atentado, los creyentes y patriotas debemos afrontar el reto que se nos plantea en lo existencial, tanto en nuestra dimensión de hijos de Dios como en el plano de nuestra vocación histórica como nación. Y son estos días, precisamente, el escenario propicio para recordar y enseñar a los más jóvenes el sentido profundo que tiene nuestra pertenencia al Pueblo de Dios, la memoria de los mayores que nos transmitieron la fe y construyeron la patria, y la necesidad de un patriotismo auténtico, en su perspectiva cívica y su ejercicio práctico.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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La bondad total

2009-11-01
El Ojo del Profeta
La bondad total

Cuando se persigue el bien ha de pensarse en el propósito del bien y sus consecuencias, para que tenga el alcance total o de bien supremo. No basta la buena intención, sino la conjunción de intención y acción. Obrar el bien es un acto que debe abarcar al beneficiario y a lo que está a su alrededor, porque de otra manera sería un hecho parcial o discriminante.

Tal es el caso de algunas empresas que, en pos de una buena causa, donan productos y artículos que momentáneamente alcanzan el bien, pero a costa del daño a otros. Lo vemos en los productos contaminantes que resultan desechados, convirtiéndose en basura, y que luego pasan por el proceso normal de su disposición, contaminando el ambiente. Conviene, pues, en esos casos, pensar en completar la obra, para que el bien sea total y no parcial.

Luis Alberto Díaz
Director de Panorama Católico
diazlink@primada.org

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